Diversidad cultural

Comunicados / discursos / declaraciones

" La France et la Chine s'allient pour défendre la diversité culturelle "

Le Figaro - Économie , édition du 16 octobre 2004 - 2004/10/16

En este artículo, el Sr. Emmanuel Schwartzenberg afirma que Francia y China no se hacen la misma idea de la cultura. El primero “ e rige el culto de la diferencia en modo de vida y apoya una política voluntarista”, mientras que el segundo, en este asunto, “no disocia el mundo mercantil del de las actividades culturales, lo cual lo incita a desarrollar una política ultraproteccionista”. Y sin embargo, declara, estos dos países se han puesto de acuerdo para “participar en la elaboración de una convención internacional cultural anexada a la UNESCO” . Destaca que, en efecto, hace mucho tiempo que Francia, bajo el impulso de su presidente, viene defendiendo la diversidad cultural –es decir el derecho de cada país a decidir por sí mismo sobre su propia cultura– a escala mundial. Pero es determinante el apoyo que le da China. Lleva aparejado el de Brasil y hace, en cierta manera, irreversible el proceso de adopción del texto en 2005. Según el autor, si bien oficialmente, China prefiere hablar “de tradición y de modernidad ”, en realidad, para ella se trata de situarse en la escena mundial y de participar en un diálogo cultural ampliado que se instale al lado del discurso estadounidense, omnipresente. Para el autor, el hecho de que China ‘patrocine y organice’ la 7ª reunión ministerial de la RIPC en Shanghai es ‘sinónimo de aprobación’. Para este imperio, se trata menos de contener la liberación de los bienes y servicios culturales que de luchar contra la homogeneización económica perceptible en cada esquina.

El autor cita al ministro francés de Cultura, quien afirma que es preciso “ que esta convención se sitúe por lo menos en un mismo pie que los demás tratados. Hay que darle una oportunidad de recurrir al derecho si se atenta contra la diversidad cultural”. Según el autor, para el ministro de Cultura, que quiere ser tranquilizador, la convención de la UNESCO no pone en tela de juicio los tratados existentes, salvo en caso de que “causen serios daños a la diversidad de las expresiones culturales o constituyan para ella una amenaza seria”. El autor destaca que este proyecto se adjuntará al tratado de la Unión Europea, pero en ningún caso será subordinado al mismo. Afirma que la fuerza de un tal tratado, si llega a nacer, es tanto simbólica como jurídica. Hablando de la lista de prioridades que cada país quisiera proponer, el autor afirma que “si bien Francia incluye en la misma el sector audiovisual, los países anglosajones opinan que es una industria. Japón, hostil por el momento a la convención, llega aún más lejos, considerando que el automóvil, los juegos video, las tecnologías en todas sus formas son elementos culturales. Para este país, “un tal tratado sería un freno para la expansión económica”. Por su parte, Italia teme que esto sea un obstáculo para la libertad religiosa. Dado que la cultura es la particularidad de cada país, no sería nada fácil llegar a un acuerdo común si la necesidad de un tal tratado no fuera cada vez más acuciante”.

A este respecto, indica que Chile, Marruecos y Australia tienen firmados con Estados Unidos tratados de libre comercio y de liberalización económica en todos los sectores y ya no pueden adoptar la menor disposición para defender su patrimonio cultural. Si se hubiera firmado la convención de la UNESCO, estos países habrían podido, por lo menos, oponerla a Estados Unidos. “Hasta la fecha, de los 148 países pertenecientes a la OMC, 25 firmaron tratados con Estados Unidos, es decir que los 123 restantes están se sienten involucrados en esta reflexión. Estados Unidos, ausente del debate público, se opone a la ampliación del principio de diversidad cultural. Lo que preocupa a este país no es tanto la idea de un sistema de protección como tal como la posibilidad de que esta convención propicie la puesta en marcha, en todos los países miembros de la UNESCO, de sistemas de defensa de su sector audiovisual y su cine”. Para el autor, esta convención incitará a los europeos a acallar sus divergencias y a hablar con una misma voz. Con los chinos, Francia desempeña un papel motor, que debe permitir que el Celeste Imperio le abra las puertas del reconocimiento mundial. Hoy en día, dice, “China sólo ha autorizado la distribución de veinte películas extranjeras en ese continente. Francia, y tras ella Europa, afirma que, si se le ayuda a desarrollar su capacidad de producción y a preservar su identidad, este país abrirá más sus puertas a las culturas del mundo”. (Disponible en francés) [77]