Diversidad cultural

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"Marchandisation et diversité culturelle : la Francophonie à l'avant-garde de la lutte pour la culture"

Mme Louise Beaudoin, chercheure associée au Centre d’études internationales et mondialisation (CEIM) et professeure associée à l’Université du Québec à Montréal, le 16 mars 2004 - 2004/03/16

En este artículo, publicado en el diario Le Devoir el 16 de marzo de 2004, la Sra. Beaudoin, citando el boletín de las Coaliciones por la Diversidad Cultural, afirma que Estados Unidos aplica, para “… alcanzar su objetivo último, que consiste en obtener la liberalización total del sector cultural –es decir, tratar los bienes y servicios culturales igual que si fueran madera de construcción o el sector automovilístico”, una evidente estrategia de multiplicación de negociaciones comerciales bilaterales para esquivar la convención internacional sobre la diversidad cultural, que está en vías de preparación. Según la Sra. Beaudoin, el enfoque que privilegia Estados Unidos en lo que concierne a la cultura, es el del statu quo, “es decir que los negociadores estadounidenses acepten, en general, el mantenimiento de las políticas culturales existentes, y por tanto el mantenimiento de las medidas ya implantadas, pero congelándolas en su nivel actual. Dicho de otro modo, los países que suscriban acuerdos de este tipo con Estados Unidos renuncien a su capacidad para mejorar o reforzar sus sistemas de promoción de su cultura. Por lo tanto, los estadounidenses ponen directamente en tela de juicio el primer objetivo de un futuro tratado, esto es, el derecho de los Estados a determinar libremente, tanto para el presente como para el futuro, sus propias políticas culturales”.

La Sra. Beaudoin destaca que, a este respecto, la Francofonía “debe seguir sensibilizando, explicando y convenciendo al mayor número posible de países”: “En primer lugar, a los países miembros de la Francofonía, para que no olviden que todos han firmado múltiples actas y votado numerosas resoluciones en las cuales y por las cuales aceptan no liberalizar su sector cultural, ya sea en un marco bilateral, regional o multilateral. También deben recordar que han decidido apoyar, en la UNESCO, la adopción de un tratado jurídicamente apremiante. Y luego a los demás países, facilitándoles una argumentación implacable en favor de un tal tratado. (…) La única conclusión posible para dicha argumentación es que los Estados que deseen apoyar económicamente a sus sectores culturales deben disponer absolutamente de un derecho absoluto para hacerlo”. La Sra. Beaudoin destaca que, para Québec, al igual que para otros muchos países que tengan la misma conciencia de su precariedad, “el fin de este combate es ‘existencial’”: “Si queremos seguir viviendo en francés y dotarnos de las políticas culturales que permitan a nuestra literatura, nuestra canción, nuestra televisión y nuestro cine ocupar, aquí y en otros lugares, un espacio real, la convención sobre la diversidad cultural debe no sólo nacer, sino también ser un instrumento jurídico que tenga valor normativo universal que esté por encima de los acuerdos comerciales. Tras aceptar el principio de la protección de la diversidad cultural, como parece haberlo hecho el mundo en la UNESCO, éste es el reto real y concreto”. (Disponible únicamente en francés)