Diversidad cultural

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El aporte de la Francofonía a la diversidad cultural en el movimiento de globalización

Assemblée parlementaire de la Francophonie (APF), Paris, le 4 juillet 2005 – 2005/07/04

“El aporte de la Francofonía a la diversidad cultural en el movimiento de globalización”. Éste es el tema discutido por los parlamentarios a la XXXIa sesión de la Asamblea parlamentaria de la Francofonía (APF) que se celebró del 4 al 9 de julio de 2005 en Bruselas en Bélgica. La Sesión se llevó a cabo en presencia del Secretario General de la OIF, Sr. Abdou Diouf, y de 200 parlamentarios, entre los cuales figuraban 25 Presidentes o Vicepresidentes de Asambleas, que representaban 45 parlamentos. Un comunicado del Quai d'Orsay informa de que Francia participó en esta sesión, en la que su Ministra Delegada de la Cooperación, el Desarrollo y la Francofonía, Sra.  Brigitte Girardin, pronunció un discurso dedicado al refuerzo de la diversidad cultural y al lugar de la lengua francesa en las instituciones europeas. Este comunicado destaca que Francia siempre se ha movilizado a escala internacional para el reconocimiento de la especificidad de los bienes y servicios culturales, elementos fundadores del reconocimiento de la diversidad cultural.

En un dossier de prensa publicado sobre este tema, la APF enuncia, en lo que concierne a ‘la lucha por la diversidad cultural’, que “La Francofonía, laboratorio de la diversidad cultural, por su vocación, su composición geográfica y económica, apoyándose en su experiencia específica al servicio del desarrollo, estructuró y reforzó sus intervenciones en favor de la diversidad cultural”. Así pues, elevó la defensa de la diversidad cultural en prioridad y, en consecuencia, recomendó a la Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de la OIF “que adoptase el principio de una convención internacional dedicada a la diversidad cultural en el seno de una instancia preocupada específicamente por la promoción de la cultura”. Exhortó particularmente a los Jefes de Estado y de Gobierno de la OIF a “velar, con el mayor cuidado, para que se garantice a cada Estado miembro la posibilidad de preservar y desarrollar sus capacidades a fin de definir e implementar su propia política cultural, lo cual implica que se mantenga el derecho de tomar medidas de apoyo en el sector cultural, y particularmente al audiovisual, a la producción cinematográfica o al mercado del libro”. La APF adoptó, en 2003, durante su Sesión de Charlottetown (Isla del Príncipe Eduardo), una resolución en la que instaba a los Estados y Gobiernos miembros de la Francofonía a abstenerse de todo compromiso de liberalización en cuanto a bienes y servicios culturales en la OMC y a cumplir también este principio en el marco de acuerdos comerciales bilaterales y regionales. Asimismo, invitó a los Estados y Gobiernos miembros de la Francofonía a comunicar a los parlamentarios y a la APF los elementos de las negociaciones comerciales relativas a todos los productos con carácter cultural y pidió a la OIF que mantuviese relaciones constantes y una colaboración mutua con la APF, a fin de maximizar el esfuerzo de movilización acordado por la Francofonía sobre la cuestión de la diversidad cultural.

Para estos fines, la APF se esmera en promover una convención fuerte, confirmando claramente el derecho de los Estados a implementar de los políticas culturales, y no un texto con virtudes puramente declaratorias. La Sesión de Bruselas fue ocasión para reafirmar claramente este objetivo, pues, recalca la APF, es “gracias a un tal instrumento como la Francofonia podrá seguir apoyando la producción cultural francófona, sobre todo la del Sur, sumamente rica y diversa, cuyo despliegue en el conjunto del espacio francófono –y más allá– es a la vez un factor de enriquecimiento mutuo, de acercamiento entre los pueblos y las personas, de paz y de desarrollo económico sostenible”. Según ella, “la diversidad de esta creación cultural, uno de los pilares de la Francofonía, es un bien común que se debe valorizar en un momento en que globalización es sinónimo de uniformización. Tan sólo se trata de reconocer la posibilidad, para los Estados, de promover las artes escénicas, la circulación de las obras y de los artistas, la producción audiovisual y las empresas culturales de los Estados, tanto los del Norte como los del Sur”. La APF destaca, en particular, que “la defensa de la diversidad cultural se opone a una concepción de la cultura que reduzca a ésta a lógicas puramente industriales. Por el contrario, tiene en cuenta su dimensión global y estratégica: por ello constituye un proyecto político, sobre el cual todos los parlamentarios del espacio francófono desean que se oiga su voz”.

Destacando igualmente que los temas culturales, económicos y políticos son inmensos, la APF mantiene que “algunos acuerdos bilaterales y las negociaciones internacionales sobre los servicios, particularmente los ciclos de Doha y de Hong-Kong en el marco de la OMC, son susceptibles de poner en tela de juicio la capacidad de los poderes públicos para intervenir en materia cultural. Los Estados Unidos, por no citar más que este país, ha suscrito varios acuerdos comerciales de libre comercio que comprometen la capacidad de los Estados para adoptar medidas para apoyar su política cultural y su industria cultural nacional”. [05-22]