Diversidad cultural

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La convención sobre la diversidad de las expresiones culturales y el futuro de la creación – “La diversidad cultural sigue siendo un combate de cada instante”

Luc Jabon, scénariste, réalisateur, président de la SACD Belgique et représentant de la Coalition belge francophone pour la diversité culturelle, le 29 septembre 2005 – 2005/09/29

El Festival Internacional del Film Francófono reunió en Namur, el pasado día 29 de septiembre, a representantes de las Coaliciones para la diversidad cultural del espacio francófono en un coloquio sobre el tema “Diversidad cultural y el futuro de la creación”. Condujo a la implantación de una Coordinación de las Coaliciones Francófonas por la Diversidad Cultural y de la denominada Declaración de Namur para apoyar el proyecto de convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales (ver nuestro Boletín no 29 del 11 de octubre).

Con motivo de dicho coloquio, Luc Jabon, guionista, realizador, presidente de SACD Bélgica y representante de la Coalición belga francófona para la diversidad cultural, presentó un texto de reflexión titulado: "Diversité! ". Segun Sr. Jabon, aunque las noticias son buenas, no hay que alegrarse demasiado pronto. Aún quedan las cuestiones de las ratificaciones rápidas por los diferentes Estados, los tratados bilaterales con Estados Unidos que contrarrestan los esfuerzos realizados, las declaraciones interpretativas de los artículos de la Convención y la de saber cómo la OMC interpreta la definición de la Cultura (el textil, el vino y el queso ¿forman parte de la misma?). La diversidad cultural sigue siendo un combate de cada instante. No es un elemento ‘a la carta’, sino que ha de ser total y global, y todos los sectores de la creación deben beneficiarse de ella con igualdad de oportunidades.

Sr. Jabon destaca, en particular que la OMC se ha fijado como objetivo a largo plazo abrir y liberalizar el conjunto de los sectores de actividades. Concretamente, esto significa que cada país miembro de la OMC deberá aceptar sin restricciones arancelarias los ‘productos’ de los demás países miembros y no podrá tomar ninguna medida que falsee la competencia, es decir, que fomente los ‘productos’ nacionales con respecto a sus competidores extranjeros. Si se impusiera esta lógica de liberalización en el sector cultural, destaca Sr. Jabon, esto tendría, por supuesto, consecuencias catastróficas sobre la creación cultural como la conocemos actualmente. En efecto, no sólo se suprimirían, tanto en la radio como en la televisión, las cuotas de difusión de obras basadas en criterios de nacionalidad o de idioma, sino que se daría el mismo trato a todas las ayudas a la creación o a las subvenciones de funcionamiento. Por lo tanto, los estudios de Hollywood o las multinacionales del disco podrían demandar en justicia a la Comunidad francesa por competencia desleal en el caso en que mantuviera estos dispositivos.

Por otra parte, apuntó el Sr. Jabon, Estados Unidos complementa ahora su estrategia al negociar con cada Estado tratados bilaterales de liberalización del comercio con los cuales trata de obtener, entre otras cosas, la liberalización del sector cultural. En una gran partida de ajedrez que se está jugando en todos los continentes, obliga a los gobiernos a renunciar a su soberanía en las materias culturales. En opinión del autor, para que estas negociaciones permitan mantener una diversidad cultural, pero también enfrentar las nuevas amenazas, como la directiva Bolkestein sobre la liberalización de los servicios, es imperativo que se movilicen todos los sectores culturales. En efecto, los sectores de la música y del cine serían, sin duda alguna, los primeros implicados, pero es probable que, al final, el mundo cultural en su conjunto quedase afectado.

A este respecto, observa que el cine europeo, y en particular el cine francófono, experimenta actualmente un verdadero desarrollo, gracias en gran parte a los diversos sistemas de subvenciones y ayudas estatales que se han implantado. Acompañadas de algunas disposiciones fiscales (tax-shelter, bonificaciones fiscales…), estas ayudas dinamizan nuestras cinematografías nacionales. También permiten, con los acuerdos de coproducción entre los Estados europeos, completar los financiamientos de las obras audiovisuales. Si bien todos estos sistemas de ayuda privilegian, en su mayoría, las películas nacionales, permanecen abiertos y accesibles a los cineastas y autores de países extraeuropeos. Y destaca que, por lo tanto, la perennidad de tales ayudas es vital para la creación cinematográfica. Su supresión, o incluso su reducción, tendría como consecuencia, de facto, un empobrecimiento de obras originales, singulares y condiciones de autonomía de los creadores. Entonces, conviene actuar colectivamente para defender el derecho de nuestros países a llevar a cabo políticas culturales activas y a intervenir (aún más que ahora) para apoyar la creación y la difusión de obras culturales. Nuestro esfuerzo debe amplificarse a fin de pesar sobre las opiniones y los gobiernos. La diversidad cultural tendrá sentido únicamente si se ejerce también en la educación y la formación. Y concluye diciendo que se trata de un tema de civilización.