Diversidad cultural

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La Convención de la UNESCO sobre la diversidad de las expresiones culturales se adopta: " La batalla en pro de la Convención no ha terminado. La campaña de la ratificación propias recién comienza! "

Secretaría del Comité de Enlace Internacional de las Coaliciones para la Diversidad Cultural (CIL), octubre de 2005 – 2005/10

El Comité de Enlace Internacional de las Coaliciones para la Diversidad Cultural(CIL), en la reciente edición de su Boletín – Coaliciones en Movimiento –, vuelve sobre el significado del voto que condujo a la adopción de la Convención en la UNESCO y sus implicaciones sobre la continuación del proceso. He aquí un resumen :

Por el CIL, abrumador margen de 148 contra 2 de los Estados Miembros en favor de la Convención, significa que por primera vez en la historia del derecho internacional se reconoce el carácter singular de los bienes y servicios culturales en una convención. Es decir, en un tratado que además confirma formalmente el derecho soberano de los países a darse políticas culturales en pro de la diversidad. El resultado fue un voto con fuerza suficiente para impulsar una gran campaña destinada a que los gobiernos ratifiquen la Convención lo antes posible. Al reconocer en la legislación internacional el derecho de los países a darse sus propias políticas culturales, la Convención aporta una base sólida a aquellas naciones que no desean entregar la cultura a los acuerdos comerciales y prefieren no asumir compromisos de liberalización cultural ante la OMC o en sus acuerdos de comercio a nivel regional. Asimismo, afirma el CIL, Los países impulsores de la idea -Francia y demás miembros de la Unión Europea; Canadá, Brasil, China, Sudáfrica y tantos otros- pueden enorgullecerse con justa razón de esta conquista. Otro tanto pueden decir las más de 30 coaliciones por la diversidad cultural y centenares de organizaciones de profesionales de la cultura del mundo entero que durante los últimos seis años se movilizaron a favor de la Convención.

En cambio, el CIL destaca que la fuerte oposición de Estados Unidos -la que se intensificó durante el último año a medida que avanzaban las negociaciones- entregó una clara señal de que el proceso de ratificación pondrá a prueba la determinación de los países. Su decisión, sin embargo, será clave para garantizar que la Convención entre en vigor y asuma su papel en el ordenamiento jurídico mundial. Según el CIL, la abrumadora votación en favor de la Convención se hace todavía más impactante cuando se considera que Estados Unidos lanzó en su contra una ofensiva generalizada que en los días previos a la votación se intensificó hasta alcanzar niveles inéditos. La determinación de Estados Unidos de oponerse a la Convención hasta el último día quedó en evidencia en la multiplicidad de ámbitos en que se desarrolló su contraofensiva: A finales de agosto EE.UU. intentó que la Organización Mundial de Comercio interviniera directamente en el proceso que se llevaba a cabo en la UNESCO. La estratagema fue enfáticamente rechazada por los países miembros de la OMC a favor de la Convención; Al inicio de la Conferencia General de la UNESCO, la Secretaria de Estado Condoleeza Rice dirigió una nota a los cancilleres de todos los países miembros expresando “honda preocupación” de su gobierno en torno al proyecto de Convención, proponiendo “posponer toda medida relativa a esta convención hasta que hayamos tenido más tiempo para abordar sus multiples fallos”; En vísperas de la votación, Estados Unidos orquestó una ofensiva mediática que se tradujo en burlas y denuncias en contra de la UNESCO en importantes medios de prensa, incluyendo The Wall Street Journal, The Washington Post y The New York Times.

Al interior de la UNESCO, prosigue el CIL, la embajadora norteamericana Louise Oliver siguió haciendo discursos a favor de la diversidad cultural en términos generales, pero haciendo todo lo posible por desvirtuar o dilatar la Convención. Caracterizando el texto como “apresurado” y “sujeto a interpretación”, la embajadora se concentró en argumentar que la Convención entorpecería el libre flujo de palabras e imágenes, pondría en riesgo la libertad de expresión y tendría efectos negativos sobre los tratados de libre comercio. Luego de ello procedió a proponer cerca de 28 enmiendas expresamente calculadas para diluir los efectos de la Convención, insistiendo en que se votaran todas y cada una a pesar de no contar con el más mínimo apoyo de la Conferencia. El resultado fue un ejercicio de 45 minutos de duración en que cada propuesta se rechazó sistemáticamente por un margen similar al del voto de adopción. Los argumentos de Estados Unidos claramente no lograron persuadir a los demás Estados Miembros. En efecto, varios señalaron que el primer principio de la Convención expresa sin ambigüedad que “…nadie podrá invocar lo aquí dispuesto con el objeto de infringir los derechos y libertades fundamentales consagradas en la Declaración Universal de Derechos Humanos o garantizadas en el derecho internacional, ni tampoco limitar su alcance”. No obstante, las fuertes presiones de Estados Unidos surtieron efecto sobre al menos un grupo de pequeñas naciones que optaron por ausentarse de la sala al momento de la votación, mientras que otras se abstuvieron.

Según el CIL, si bien algunos pueden poner de relieve que esta oposición hasta las últimas consecuencias de Estados Unidos tenía por objeto complacer a los grupos de presión internos, en especial la Asociación de la Industria Cinematográfica, las declaraciones de la Representante de Comercio Exterior de Estados Unidos, quien tras la Conferencia dijo que su país llamaría a no ratificar la Convención o al menos intentaría restringir drásticamente el ámbito de su aplicación a fin de que no entre en conflicto con la OMC, permiten otra lectura: que la batalla en pro de la Convención no ha terminado, y que la campaña por garantizar que ésta se convierta en un instrumento real del derecho de los países a tener políticas culturales propias recién comienza.

Para ello, indica el CIL, los desafíos que se abren ante las organizaciones de profesionales de la cultura están meridianamente claros: llamar a los gobiernos a dar inicio de forma inmediata a una campaña a favor de la ratificación. Dentro de los próximos dos años, alcanzar o superar el mínimo de 30 ratificaciones. Velar por que las ratificaciones provengan de todas partes y que naciones del África, las Américas, Asia Pacífico y Europa se pronuncien a favor. Y por último, seguir alerta y exigiendo a los gobiernos que no acepten compromisos de liberalización de la cultura en las negociaciones comerciales que desarrollen antes de la entrada en vigor de la Convención.

El Comité de Enlace Internacional de las Coaliciones para la Diversidad Cultural (CIL) reunida en su seno las coaliciones para la diversidad cultural compuestas por autores, artistas y profesionales de la cultura de 31 países: Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Benín, Brasil, Burkina Faso, Canadá, Camerún, Chile, Colombia, Congo, Corea, Costa de Marfil, Ecuador, España, Francia, Guinea, Hungría, Irlanda, Italia, Malí, Marruecos, México, Nueva Zelanda, Perú, Senegal, Eslovaquia, Suiza, Togo, Uruguay.