Diversidad cultural

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La diversidad cultural: ¡una prioridad para Francia!

Renaud Donnedieu de Vabres, ministre de la culture et de la communication de la France, le 15 mars 2005 – 2005/03/15

En su audición ante la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional Francesa, el Sr. Donnedieu de Vabres destaca que la existencia misma de un Ministerio de Cultura da prueba de la convicción francesa, cada vez más compartida en Europa y en el mundo, de que la cultura es una realidad esencial que se debe proteger y desarrollar: es el fundamento de nuestras políticas culturales. El Ministro sostiene que en el núcleo del desafío que representan la conservación y la promoción de la diversidad cultural, hoy existe la capacidad de los Estados para establecer y aplicar libremente políticas culturales. Se trata simplemente de garantizar que todas las culturas tengan la posibilidad de hacer oír su propia voz, afirma el Ministro. Desde su punto de vista, el objetivo de esas políticas culturales consiste en garantizar a las producciones nacionales capacidades de expresión y presencia que no encontrarían de manera espontánea en mercados donde sólo reina la regla de la rentabilidad económica. Por eso, destaca, que la uniformidad cultural no es un fantasma, pero sí una amenaza real: « Los únicos segmentos de mercado de las cinematografías extranjeras en Europa, en particular estadounidenses, lo atestiguan. No hay que olvidar que las exportaciones audiovisuales estadounidenses ocupan el segundo puesto de las exportaciones de Estados Unidos, detrás de la industria aeronáutica. Y es el único sector que presenta una balanza comercial positiva con todos los países del mundo. El segmento de mercado global de las películas europeas en la Unión Europea bajó: un 25,7% en 2003 contra un 27,8% en 2002. El de las películas estadounidenses aumentó: un 72,1% contra un 70,1% en el mismo período. Según la UNESCO , en el año 2000 el 85% de las películas difundidas en salas cinematográficas a través del mundo, se produce en los estudios de Hollywood; un 50% de las producciones de ficción difundidas en la televisión europea es de origen estadounidense, este porcentaje alcanza un 67% en Italia; un 70% de las grabaciones legales de música se reparte entre dos grandes empresas en el mundo; y, entre los diez novelistas más traducidos del mundo, nueve son escritores de lengua inglesa » . Estas realidades del mundo de hoy, señala, nos muestran que la diversidad cultural no es ni una moda, ni un eslogan, sino un recurso para hacer retroceder esta parte oscura de la mundialización, arrastrada por los riesgos de uniformización del mundo. En su opinión, esto simplemente plantea el problema de nuestra capacidad para seguir recibiendo y de proponer una oferta cultural amplia y extensa; hacerla compartir entre públicos numerosos; finalmente de nuestro derecho de seguir llevando adelante políticas culturales propias.

La diversidad cultural , sostiene el Ministro, es la libertad de creación y, a la vez, la libertad de acceso a la creación. Se trata de permitir a los públicos más diversos tener acceso a las creaciones intelectuales y artísticas más amplias posibles, dando al mismo tiempo a los artistas y a los creadores los medios para su libre expresión. Se trata de preservar la diversidad de las prácticas culturales y, sobre todo, la de los contenidos de las obras del arte y de la creación. Las políticas públicas en favor de la diversidad cultural contribuyen también al dinamismo de nuestras economías y a la creación de puestos de trabajo. Asimismo, declara que el reconocimiento del derecho de los Estados de adoptar todas las medidas necesarias para promover y preservar la diversidad de las culturas, es precisamente el objeto de la Convención sobre la Protección de la Diversidad de los Contenidos Culturales y las Expresiones Artísticas en curso de negociación en la UNESCO. Al respecto, señala, que Francia para responder al deseo expresado por el Presidente de la República en la Cumbre de Johannesburgo, tiene comprometida, junto con Canadá y Quebec, una reflexión sobre un proyecto de Convención internacional sobre la diversidad cultural . Esta Convención tiene por objeto consagrar legalmente la legitimidad de las políticas en favor de la protección y la promoción de la diversidad cultural . La Convención tiene por finalidad convertirse en un marco de referencia para los Estados y las otras organizaciones internacionales. Permitirá establecer un equilibrio entre las reglas del comercio internacional y las normas culturales que no pueden estar subordinadas a los tratados internacionales y que deben contar con mecanismos eficaces para la solución de controversias. Deberá, según el Ministro: reafirmar la especificidad de los bienes y servicios culturales; hacer hincapié en el derecho de los Estados de aplicar políticas culturales para preservar la diversidad de la producción y la oferta cultural; reforzar la cooperación y la solidaridad en favor de los países en desarrollo. En efecto, la diversidad cultural no podría justificar un repliegue sobre sí, sobre una identidad cerrada. Por naturaleza, exige la apertura a las otras culturas.

Para los que temen que tal texto limite la libertad de circulación de las obras de creación, declara el Ministro, Francia responde que no es el caso. En efecto, se ajusta al papel del Estado en nuestras democracias liberales, de garantizar el ejercicio de las libertades, luchar contra los monopolios, proteger las minorías, estimular la creación artística y el mecenazgo, favorecer la diversidad. Lo que vale para nuestros Estados vale para el mundo. Lejos de todo proteccionismo, la Convención sobre la diversidad cultural permitirá una circulación más segura de las ideas, porque será más respetuosa del otro. En la actualidad, podemos alegrarnos, afirma, porque la elaboración de esta Convención está bien encaminada. Pudo lograrse un consenso en la Conferencia plenaria sobre el reconocimiento de la especificidad de los bienes y servicios culturales y la necesidad de permitir a los Estados de aplicar políticas culturales, confirmando de esta manera el interés de la mayoría de los Estados Miembros en cuanto a este proyecto de Convención. Sin embargo, queda mucho por hacer para conducir esta negociación a buen puerto, para obtener un texto eficaz, que encuentre su lugar en el orden jurídico internacional, sin subordinarse a los tratados comerciales, y para convencer el máximo de Estados sobre su utilidad. Francia, sostiene, seguirá pesando fuerte para que esta Convención permita resistir a las presiones ejercidas sobre la cultura por los tratados de comercio y por la OMC , y para que sea adoptada en 2005.

En consecuencia , el Ministro destaca que los trabajos en curso en la UNESCO dan a l’Union européenne una nueva ocasión de reafirmar su compromiso en favor de la diversidad cultural , un compromiso que es también una obligación inscrita en el actual Tratado de la Unión y que está en la Constitución Europea. Además, al mantener en el Tratado Constitucional la regla de la unanimidad para la negociación y la celebración de acuerdos por parte de la Comisión Europea en nombre de la Unión Europea y sus Estados Miembros en el ámbito del comercio de los servicios culturales y audiovisuales, la Unión Europea renovó su voluntad de defender la diversidad cultural en las negociaciones comerciales. Además, destaca, debido a que la ambición europea es unir el pueblo de sus 25 Estados Miembros, y no solamente construir una zona de libre comercio, el respeto de la diversidad cultural y lingüística dentro de la Unión es un principio fundamental. Esta es la razón por la que, señala, Francia pidió a la Comisión Europea que considere con todas sus implicaciones el proyecto de directiva "servicios", llamada directive Bolkestein, debido a los riesgos de inseguridad jurídica y de dumping social que hace pesar . Al respecto, Francia pide a la Comisión Europea tres exclusiones relativas a la cultura y la comunicación: « el audiovisual, tema en el que nueve Estados se unen a nosotros; la prensa; la gestión colectiva de los derechos de autor. Estamos solos en estos dos últimos temas » . Si la cultura y la comunicación constituyen por sí solas cerca de la mitad de las exclusiones pedidas por Francia, señala el Ministro, es precisamente debido a nuestro compromiso en favor de la diversidad cultural . Debemos reafirmar tanto más este compromiso, sobre otros diferentes dossiers, que los desacuerdos que podamos tener con la Comisión, porque las Direcciones Generales encargadas del Mercado Interior y la Competencia tienen dificultades para aceptar el principio de la diversidad cultural . Este combate a favor de la diversidad cultural también se da a conocer en el ámbito esencial de la comunicación audiovisual, afirma el M inistro. Asimismo, concluye : « la promoción de la diversidad cultural es un asunto de todos. El Gobierno se compromete plenamente bajo la autoridad del Presidente de la República y del Primer Ministro. Me parece esencial que la Representación Nacional asuma la totalidad del compromiso » .