Diversidad cultural

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La adopción de la Convención sobre la diversidad de las expresiones culturales en la UNESCO: “Un primer triunfo importante para la diplomacia quebequense”

Christian Rioux, correspondant du Devoir à Paris, le 22 octobre 2005 – 2005/10/22

En la edición del Le Devoir publicada el 22 de octubre pasado, el periodista Christian Rioux afirma: “ Con prolongados y jubilosos aplausos se adoptó por fin, el jueves, en París, la convención internacional sobre la diversidad cultural. Sin embargo, son raras las ocasiones en que hay tales manifestaciones de alegría en el gran salón, sin brillo, del Palacio de la UNESCO. Es que la adopcion de este convencion por 148 votos a favor, dos en contra y cuatro abstenciones constituye una primicia. Cuando haya sido ratificada por un mínimo de 30 países , será el primer tratado internacional que garantice a los pueblos el derecho a subvencionar y proteger a sus creadores contra el dumping cultural internacional. Eso es lo que llevó al diario Le Monde a decir que, “por una vez, la mayor potencia cultural mundial, Estados Unidos, se ha visto sola y desnuda”.

El periodista afirma, entre otras cosas, que esta convención “podría también figurar algún día en los libros de historia como la primera victoria diplomática de Québec a escala internacional (…). Tanto por su diplomacia como por los esfuerzos de sus expertos, de sus artistas o de simples militantes, Québec ha sido una fuerza determinante sin la cual probablemente la adopción de dicha convención nunca hubiera sido posible. Québec empujó constantemente a Canadá y a Francia para que fueran más allá de las simples declaraciones de principio”. A este respecto, destaca que uno de los primeros comités internacionales dedicados verdaderamente a discutir sobre un tratado fue creado conjuntamente en 1998 por los Primeros Ministros quebequense y francés, a propuesta del ministro de Relations internationales du Québec. Dicho comité contribuyó también a sensibilizar a Francia y elaboró el primer documento consistente que justificaba la necesidad de un tratado internacional: Evaluación de la factibilidad juridica de un instrumento internacional sobre la diversidad cultural, estudio preparado por cuenta del Grupo de Trabajo Franco-quebequense sobre la diversidad cultural y firmado conjuntamente por Ivan Bernier de Québec e Hélène Ruiz-Fabri de Francie.

Paralelamente, afirma el periodista, el gobierno canadiense realizó también esfuerzos considerables. Ya en julio de 1998, Ministra del Patrimonio Canadiense reunió a los ministros de Cultura de 22 paises en la Red Internacional de Políticas Culturales (RIPC). Con ello, la ministra, que acababa de ser derrotada estrepitosamente por Estados Unidos en el asunto de las revistas canadienses, se situaba en la prolongación de la estrategia de Québec, donde una primera coalicion para la diversidad cultural reunía a una docena de organismos que representaban a más de 15.000 miembros. Por lo tanto, declara el periodista, “se dirá, con razón, que esta victoria diplomática es el fruto de una colaboración fructuosa entre Québec y Ottawa. El gobierno de Canadá no escatimó esfuerzos, y hay que atribuir el mérito que les corresponde a los ministros del Patrimonio Canadiense ».

En este registro cronológico, el periodista destaca también que , por primera vez en la Cumbre de la Francofonía de Beirut, en 2002, la diversidad cultural ya no se limitaba a los gobiernos nacionales de Québec, de Canadá y de Francia, sino que hacía su entrada en una organización internacional, la OIF en este caso . Ante semejante movilización –sin olvidar la de Europa, a la que Francia se había encargado de convencer– era difícil que escapase la UNESCO. Ésta encontró también que era una oportunidad única para asumir un nuevo papel en un momento en que Estados Unidos reintegraba la organización. Además, agrega, este tratado no habría nacido sin las presiones de los organismos culturales y los artistas de numerosos países. Pues bien, si hoy día existen coaliciones para la diversidad cultural en 31 países, es también gracias a los esfuerzos de dos quebequenses, Pierre Curzi y Robert Pilon, quienes no sólo fundaron la Coalición quebequense (que se transformaría luego en canadiense), sino que también se pasaron los últimos tres años recorriendo el planeta. Tampoco se extrañará uno de que los dos embajadores canadienses en la UNESCO que lograron que avanzara el asunto, Yvon Charbonneau y Louis Hamel, como por casualidad, eran también quebequenses.

En conclusión, el periodista mantiene que “si bien la diplomacia quebequense logró este éxito impulsando a Canadá y a Francia, el papel de Québec podría ser tan crucial en los próximos años. En efecto, el tratado deberá ser ratificado por un mínimo de 30 países para entrar en vigor. Pero para que tenga realmente peso, deberá serlo por un número mucho mayor de países. Luego, la eficacia de la Convención dependerá totalmente de la iniciativa de los países signatarios. Sin liderazgo, no sucederá absolutamente nada”.