Diversidad cultural

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La Convention sur la protection et la promotion de la diversité des expressions culturelles : défis et possibilités pour le Québec, 2006/06

En el marco de su informe evolutivo relativo al impacto de la mundialización sobre la cultura en Quebec, el Laboratoire d'étude sur les politiques publiques et la mondialisation (LEPPM) de la ÉNAP publica un estudio preparado por la Sra. Jacinthe Gagnon en el que explora los desafíos y las posibilidades de la Convención para Quebec. Según la Sra. Gagnon, si bien hoy es difícil evaluar los impactos de esta Convención en las políticas culturales nacionales, es posible sin embargo comprobar el nivel de sensibilidad de los Estados ante los parámetros establecidos por la misma en la medida en que se observa una tendencia de los Estados Signatarios a poner en primer plano las cuestiones culturales y a adoptar medidas en favor de la diversidad cultural que les permiten así legitimar sus intervenciones en el sector de la cultura, lanzando al mismo tiempo una señal política de su compromiso hacia la protección de la diversidad cultural.

Al sostener que la aparición de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones llamaría a una acción gubernamental que se traduciría en la elaboración de nuevas políticas y nuevas leyes destinadas a reglamentar los sectores afectados (telecomunicaciones, derechos de autor, medios de comunicación electrónicos) basándose en las disposiciones de la Convención, destaca que estas políticas podrían resultar influenciadas por las negociaciones sobre la liberalización de los servicios en curso a la OMC. Desde este punto de vista, afirma, "la "fecha crítica" de la entrada en vigor de la Convención resulta determinante puesto que permitiría a los Estados Partes proteger esas esferas de actividad gracias en las disposiciones de la Convención".

Por otra parte, destaca los retos que presenta la ratificación de esta Convención en estos términos: "Si bien es cierto que la Convención puede representar la respuesta a la imprecisión jurídica en cuanto a la relación entre comercio y cultura, es necesario que se elabore una jurisprudencia favorable a la protección y promoción de la diversidad cultural. Esta jurisprudencia tendrá en cuenta las disposiciones de los tratados comerciales y, a la vez, aquellas de la Convención y reforzará la legitimidad de esta última. Para entonces, los Estados que ven en esta Convención un ataque a las libertades individuales y a los intercambios culturales y que se opusieron tenazmente, tendrán el campo libre". En efecto, el reto político alimentado por la oposición estadounidense en cuanto a la puesta en el mercado de la cultura va mucho más allá de los conceptos de "excepción cultural" y de "diversidad cultural" que triunfaron en los acuerdos del GATT y de la Convención de la UNESCO. Según ella, "estos conceptos, una manera de mantener la indecisión frente a los acuerdos comerciales, ahora exigen que se materialicen en verdaderas políticas culturales. Para entonces, los Estados Unidos tendrán todo el tiempo para usar las estrategias destinadas a desalentar a los signatarios de la Convención a que sigan avanzando en ese sentido. Mediante hábiles maniobras, ya lograron convencer a algunos Gobiernos de la falta de pertinencia de este instrumento jurídico. El lento proceso de ratificación deja a la diplomacia estadounidense todo el tiempo para negociar tratados bilaterales que tienen como efecto debilitar la Convención, reclamando a sus copartícipes la renuncia a algunos derechos que la Convención podría ofrecerles si la ratificaran. Éste es uno de los medios más convincentes que la administración Bush aplicó para retrasar el proceso de ratificación y reducir el alcance de la Convención. Debido a que pocos son los países que pueden descuidar los Estados Unidos como copartícipe comercial, se vuelve muy difícil resistir a las condiciones que imponen en el marco de los acuerdos comerciales".

En esa misma línea, afirma que el aumento de los acuerdos bilaterales celebrados por los Estados Unidos hace temer el desmoronamiento del sistema multilateral en favor de una práctica que antepone los intereses particulares únicamente. Por ejemplo, "las negociaciones entre Corea del Sur
y los Estados Unidos con el fin de celebrar un acuerdo de libre comercio demuestran claramente la influencia de los diplomáticos estadounidenses y el dilema en el que se encuentra un Estado si debe optar entre su desarrollo económico y sus políticas culturales (sistema coreano de cuotas-pantalla)". Esto ilustra la dificultad para los Gobiernos de mantener sus políticas culturales en un mundo donde el comercio avanza sobre la cultura. Ésta es la razón por la que, con las negociaciones bajo los auspicios de la OMC en cuanto a la liberalización de los servicios, el riesgo que los Estados Unidos obtengan concesiones sobre los servicios audiovisuales impulsó a varios países a decidir no asumir ningún compromiso de liberalización en esos sectores (Québec, Canadá, Unión Europea, Unión africana).

Como conclusión, la autora sostiene que: "Si, de aquí a la próxima Conferencia General de la UNESCO, en octubre de 2007, fuese posible obtener la ratificación por un número de Estados superior al mínimo requerido y si el nivel de representatividad de los Estados signatarios fuese elevado, eso lanzaría una señal clara: sería entonces más fácil afirmar que la esfera cultural se debe tratar independientemente del ámbito comercial".