Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

L'exception culturelle profite-t-elle vraiment à la création ?

Mme Monique Dagnaud, sociologue des médias, Cahiers de l'association En Temps Réel , numéro 16, octobre 2004 - 2004/10

Se dice que, para tratar de encontrar un equilibrio entre creación y mercado, Francia se ha dotado de cierto número de instrumentos jurídicos y financieros sacralizados con la expresión fetiche de 'excepción cultural'. Esta expresión fetiche se pone al servicio de una excepción francesa. Para algunos, estos dispositivos -que por cierto no tienen nada de excepcionales, puesto que existen en otras partes con otras modalidades- son contemplados como dispositivos de salvaguarda de una identidad amenazada. Para otros, sólo se trataría de antiguallas destinadas a halagar el ego francés y algunos intereses particulares .

A la vez que explora los mecanismos de la excepción cultural, el estudio de la Sra. Dagnaud intenta salirse de este cuadro demasiado reductor. No se trata de estar "a favor" o " en con tra" de la excepción cultural. La verdadera cuestión, dicen, consiste en saber quién saca realmente beneficio de ella y no si habría que abandonarla, sino modificar sus mecanismos. ¿A quién le beneficia la excepción cultural? A través de este título bastante provocador, Sra. Monique Dagnaud, socióloga de los medios de comunicación y antiguo miembro del Consejo Superior del Audiovisual francés, analiza 'los tres pilares del Estado mecenas', que son la cuenta de apoyo (449 millones de euros repartidos así: un 54% para el cine y un 46% para la televisión), el sistema de cuotas y los dispositivos a favor de la producción independiente. En su estudio, la autora detalla los programas que gozan de una ayuda por motivo de la excepción cultural: el cine, la ficción televisiva y los documentales. Los programas de flujo, como los juegos, la telerrealidad o las emisiones realizadas en su mayor parte en el plató, no reciben ayudas públicas. Este sesgo que favorece el cine, identificado abusivamente con la creación, está amplificado en la televisión, donde sólo las ficciones y los documentales están identificados con la creación, mientras que todo el resto queda excluido de la misma.

La autora llega a considerar que, antes de favorecer la creación, la excepción cultural estimula una industria que, en la televisión, funciona en el modo de redes de afinidades entre productores y difusores. Para remediar los defectos de los dispositivos de la excepción cultural, propone que "se refuercen las televisiones públicas" y se reevalúen las opciones estratégicas de la política llevada por la cuenta de apoyo, e incluso que se fomenten "los programas de flujo más innovadores o con una finalidad cívica". (Disponible en francés ) [85]