Diversidad cultural

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Concentration des médias et diversité culturelle : La loi du marché est-elle la meilleure garante de la liberté et du pluralisme? - "Aux États-Unis, Big Media trébuche… mais ne chute pas"

M. Renaud Lambert, Observatoire français des médias, avril 2004 - 2004/04

El texto del Sr. Lambert se abre con una apuesta: “Apostemos que, para los grandes conglomerados que se reparten el mercado de la información y las ondas en Estados Unidos, no se trate más que de un contratiempo en el inexorable proceso que, en los medios de comunicación y en otras partes, tiende a imponer una lógica de mercado a la sociedad… con el pretexto, por supuesto, de defender la Libertad”. En efecto, refiere el Sr. Lambert, en junio de 2003, en Estados Unidos, la Federal Communications Commission (FCC) decidió acelerar la desregulación de los medios de comunicación. En vista del desarrollo de las redes por cable y de Internet, considera que ya no hay ninguna razón para prohibir que unos periódicos posean cadenas de televisión o que unos difusores controlen más del 35% de dicho mercado. No obstante, una ola de protesta sin precedentes, dirigida por organizaciones progresistas como FAIR, Media Access o Media Reform, a las cuales se unen unos  grupos más conservadores como National Rifle Association, va a lograr que entre esta decisión en el debate público, “una primicia para Big Media, hasta entonces acostumbrada a maniobras discretas con el poder”. Si bien en Estados Unidos, el universo de los medios de comunicación está regido por el principio de ‘libertad de expresión’ insertado en la primera enmienda de la Constitución, no obstante se suelen seleccionar dos interpretaciones distintas de este principio que constituyen los fundamentos ideológicos de la evolución del lugar del Estado en el mundo de los medios de comunicación estadounidenses: proteger ‘el interés público’, es decir mantener la diversidad de los puntos de vista y la riqueza del debate político, a fin de asegurar a los ciudadanos la información y la luz política más completas posible, o, por el contrario, establecer un ‘libre comercio de ideas’ al abrigo de toda interferencia gubernamental. Por lo general, este punto de vista está asociado a Olivier Wendell Holmes, juez de la Corte Suprema estadounidense, según quien “la mejor prueba de la veracidad de una idea es su capacidad para ser aceptada en medio de la competición del mercado”. Pero, como lo apunta el Sr. Lambert, aquí como en otras partes, la cuestión es saber si la ley del mercado es la mejor garantía de la libertad y del pluralismo o si, por el contrario, es preciso velar para que los intereses comerciales no se inmiscuyan en los de la democracia y de los ciudadanos.
A este respecto, si bien, hasta comienzos de los años 1980, se solía aceptar en Estados Unidos el principio de protección del ‘interés público’, que antepone al ciudadano al mercado, el mismo no tardó en “caer rápidamente en el olvido de la revolución liberal”: “La presión de los grupos mediáticos que tratan de imponer el principio económico de ‘mercado libre’ como motor de desarrollo de un “libre mercado de ideas”, hace mella en una administración que tiene en la mente un solo objetivo: romper el compromiso del Estado (…). Ya no se pide a los medios de comunicación que demuestren equidad en el trato de cuestiones políticas o sociales si logran mostrar que otros actores del ‘mercado’, por pequeños que sean, presentan un punto de vista diferente: la tradición liberal puede ser destilada tranquilamente por los mastodontes de la tasa de audiencia”. Es así como se acelera el proceso por el cual un puñado de grandes grupos se apropia de las ondas, con el pretexto de que el desarrollo del cable y de Internet hace obsoleta la amenaza de monopolio en los medios de comunicación y garantiza un pluralismo irreprochable. Según la ley del ‘libre mercado de las ideas’, si la desaparición de un grupo implica el amordazamiento de un punto de vista válido o la desaparición de un tipo de información muy estimado por el público, éste encuentra forzosamente derecho de ciudadanía en otro lugar, ya sea en una red de cable o en un sitio Internet. La ley denominada Telecommunications Act dio el toque final a la desregulación de la radio en 1996: el número de propietarios de radio cayó en un 34%. Las 44 emisoras de radio más importantes en Estados Unidos son propiedad de cinco grupos. En algunos años, por ejemplo, la sociedad ClearChannel pasó de poseer 65 a 1.200 emisoras. Rápidamente, los cinco grupos más importantes controlaron el 70% de las principales horas de audiencia (prime time) de la televisión estadounidense. Se fomentan el infotainment (temas relacionados con las celebridades) y la informercial (boletines de información con fines publicitarios) en vez del análisis profundo de cuestiones de sociedad. Big Media ha llegado a ser uno de los lobbies más potentes y, en cambio, se aprovecha ampliamente de campañas electorales centradas en las finanzas. Así pues, el Sr. Lambert llega a la siguiente conclusión: “Cuando los grupos mediáticos no son únicamente difusores sino multinacionales con agendas financieras y económicas propias, es sumamente preocupante su capacidad para formatear no sólo la opinión pública, sino también la actitud de los legisladores”. En este contexto, la FCC trató de acelerar la desregulación del mundo de los medios de comunicación en Estados Unidos, y este amordazamiento de los medios de comunicación alimenta la inquietud de la opinión estadounidense, resumida por el Vicepresidente de National Rifle Association, Wayne LaPierre, en estos términos: “Cuando las películas que se miran, la música que se escucha, los productos que se compran y las ideas que nos venden son filtradas, censuradas y presentadas por las mismas personas, lo tenemos que perder todo… Las ondas pertenecen al pueblo estadounidense y el papel de la FCC consiste en proteger el interés del público, y no a los grandes magnates de los medios de comunicación que buscan monopolizar el debate público”. [62] (Disponible en francés)