Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

"OMC-UNESCO : ¿Qué complementariedad y para qué diversidad cultural? ”

Service Études de l’ARP (Auteur, réalisateur, producteur), Paris, 10 octobre 2005- 2005/10/10

 «OMC-UNESCO: ¿Qué complementariedad y para qué diversidad cultural?” Éste es el tema del debate organizado en el marco de los Encuentros Cinematográficos de Beaune, que se celebrarán del 21 al 23 de octubre en Francia. Dicho debate, que será animado por el presidente de la Coalición francesa para la diversidad cultural, Sr. Pascal Rogard, y contará con la participación, entre otros, del Ministro francés de Cultura, Sr. Renaud Donnedieu de Vabres, del Director Gerente de la Motion Picture Association of America-MPAA, Sr. Dan Glickman, del Negociador para la Unión Europea a la UNESCO y la OMC, M. Julien Guerrier, del Sr. Jean Musitelli, uno, en particular, de los expertos independientes designados por el Director General de la UNESCO para elaborar el anteproyecto de convención sobre la diversidad cultural, del cineasta y miembro fundador de la Coalición Marroquípara la diversidad cultural, Sr. Nabil Ayouch.

“En un mundo cada día más globalizado, conviene proteger la especificidad de las políticas culturales. Pues bien, hasta la fecha, el único foro de debate, la OMC, era poco propenso a afirmar la especificidad de los bienes culturales, puesto que su lógica de fundación es la de liberalizar el comercio de los bienes y servicios (que incluyen, por lo tanto, los servicios audiovisuales). Las recientes negociaciones en el seno de la UNESCO sobre el A nteproyecto de Convención sobre la protección de los contenidos culturales y las expresiones artísticas dejan presagiar un enfoque voluntarista y más positivo en favor de la índole específica de los bienes y servicios culturales , de su protección y su promoción en el derecho internacional. ¿Cómo se van a articular estas dos instancias? ¿Cómo garantizar su complementariedad? ¿Cuáles serán los puntos de fricción? Éstas son preguntas que permiten diseñar los contornos de un mundo global en la vía encaminada a regular los intercambios culturales” que tratan de hacer los autores de una Nota preparatoria elaborada para estos fines.

De hecho, resumiendo el contexto del debate, estos autores afirman que las medidas de subvenciones son toleradas en la medida en que suelen ser poco eficaces, sobre todo cuando el presupuesto del Estado dedicado a la cultura es limitado, En cambio, Estados Unidos denunció las reglamentaciones (cuotas de difusión, por ejemplo), mucho más eficaces en la promoción de las industrias culturales locales. Además, conservó para sí importantes prerrogativas en materia de comercio electrónico, sector en el cual ya goza de un innegable adelanto y cuyo impacto está en aumento en el área cultural.

En este contexto, Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales llega a ser un nuevo instrumento para promover la diversidad cultural. En efecto Estados Unidos afirma que la cultura goza actualmente de un estatus híbrido en la OMC, puesto que no existe, en lo que concierne a las reglas comerciales, ni referente (valores, principios, objetivos), ni texto normativo, y que incluso la cultura entra en el campo de aplicación de la OMC (como bien o servicio que se puede comercializar). Para superar el actual statu quo, poco a poco se ha ido imponiendo, a escala internacional, un proyecto de Convención internacional sobre la diversidad cultural en el marco de la UNESCO. Así pues, por primera vez, la cultura ya no sería considerada de forma defensiva, como una ‘excepción’, una ‘exención’, sino de forma ofensiva, con la idea de ‘promoverla’. También por primera vez, un texto jurídico internacional le sería totalmente dedicado, a fin de que sea algo más que un apéndice de las negociaciones comerciales. Asimismo, se discutiría en un foro que se dedica a ella, la UNESCO, sin que por ello se le niegue su dimensión comercial.

Pero ¿qué articulaciones puede haber entre la OMC y la UNESCO?, preguntan los autores. En efecto, afirman que el reconocimiento jurídico de la diversidad cultural perdería una gran parte de su eficacia si tuviera que inclinarse ante otras convenciones internacionales. Por esta razón, Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales está dotada de la misma fuerza que otros tratados internacionales. Según los autores, la Convención sobre la diversidad de las expresiones culturales tendrá un verdadero valor añadido tan sólo en la medida en que se implante una política activa de promoción de la diversidad cultural(y no sólo la prerrogativa de protección de la diversidad cultural otorgada a los Estados Partes) cuando se ratifique la Convención. Sólo en la medida en que la Convención haya incorporado verdaderamente su ‘objeto social’ en las relaciones internacionales, la promoción urbi et orbi de la diversidad cultural, se equilibrarán los dos platillos de la balanza –comercio por una parte, y cultura, por otra.

Por lo tanto, para los autores, hasta ahora no está terminada la partida: queda claro que la regulación y la liberalización del comercio constituyen la piedra angular del proceso de regulación mundial, haciendo prevalecer así una visión exclusivamente comercial de las relaciones entre los Estados. Los autores concluyen que lo que está en juego es el reequilibrio de esta perspectiva, introduciéndose en lo sucesivo una dinámica de desarrollo y de intercambio cultural.