Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

Tratados de Comercio y Diversidad Cultural

Ivan Bernier, Simposio internacional, Santiago, Chili, 28-29 juin 2005 – 2005/06/28-29

En este estudio presentado en el marco del Simposio Internacional ‘D iversidad cultural: el valor de la diferencia ’, que se celebró en Santiago de Chile los días 28 y 29 del pasado mes de junio, Sr. Ivan Bernier, profesor emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad Laval, en la Ciudad de Québec, Canadá, y uno, en particular, de los expertos independientes designados por el Director General de la UNESCO para elaborar el anteproyecto de convención sobre la protección de los contenidos culturales y las expresiones artísticas, pregunta “si el proyecto de Convención aprobado durante la tercera sesión de la reunión intergubernamental de expertos, celebrada en la Sede de la UNESCO del 25 de mayo al 3 de junio de 2005 , es un proyecto cuyo objetivo último es excluir la cultura de la OMC o si, por el contrario, se trata de una convención esencialmente cultural cuyo fin no es modificar el derecho de la OMC, sino más bien ofrecer un marco de referencia, un código de conducta y un foro para todos los Estados que consideren la protección y la promoción de las expresiones culturales distintas y la preservación de la diversidad cultural de manera más general como elementos esenciales de la globalización”. Para contestar a esta pregunta, examina cómo se aborda la diversidad cultural en los tratados de comercio y en el Anteproyecto de Convención de la UNESCO, pues, en su opinión, una parte importante del problema planteado aquí estriba en el hecho de que los bienes y servicios culturales , a la vez objetos de comercio y vectores de identidad, de valores y de sentido, pueden ser considerados desde dos puntos de vista muy diferentes.

Reconstituyendo el contexto de esta problemática, hace hincapié en que la redacción final del texto del Anteproyecto de Convención, aprobado casi por unanimidad por los representantes de más de 130 países después de esta tercera y última sesión de la reunión intergubernamental que, por lo demás, recomendó a la Conferencia general su adopción a la 33 a sesión en octubre de 2005 , fue denunciado con fuerza por Estados Unidos, que llegó a afirmar, en una declaración hecha pública por su embajada en Paris, que el texto de la Convención propuesto era profundamente defectuoso porque se refería más bien al comercio que a la cultura, que, por consiguiente, quedaba fuera de la competencia de la UNESCO y que su adopción sólo podría comprometer la reputación de la UNESCO en su calidad de organización internacional responsable.

Según Sr. Bernier, no hay que sorprenderse de esta reacción de Estados Unidos: “Durante las discusiones que llevaron a la adopción de la Declaración universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, en noviembre de 2001, Estados Unidos, según propia confesión, ya había intervenido vigorosamente, aunque no fuera miembro de la UNESCO en esa época, para contrarrestar “los esfuerzos de Francia y Canadá destinados a sustraer las cuestiones culturales de la OMC y lograr apoyos a su proyecto de  ‘nuevo instrumento’, posiblemente albergado en la UNESCO”. Y prosigue diciendo que también se sabe que sólo a regañadientes Estados Unidos se adscribió a la decisión de la Conferencia general en octubre 2003 de iniciar negociaciones encaminadas a llegar a una Convención sobre la protección de la diversidad de los contenidos culturales y las expresiones artísticas, poco convencido de la pertinencia de semejante convención. A todo lo largo de la negociación, adoptó finalmente un comportamiento que dejaba entrever claramente que no ratificaría un convención de esta índole. Por lo tanto, no hay que extrañarse de que dicho país rechace el proyecto de convención ratificado por la asamblea plenaria. Ambas partes del texto tratan sobre este problema: Los tratados de comercio o la diversidad cultural considerada como una traba para los intercambios comerciales y el proyecto de convención de la UNESCO o la diversidad cultural considerada como un fin en sí.

Para concluir, M. Bernier propone que, como respuesta al argumento de los Estados Unidos que el anteproyecto de Convención, ratificado durante la tercera sesión de la reunión intergubernamental de expertos , es ante todo un proyecto comercial. Es preciso “insistir en el hecho de que el acuerdo contemplado es realmente un acuerdo cultural, un acuerdo que entra en el campo de competencia de la UNESCO, el cual incluye seguramente la consideración de las repercusiones culturales de la globalización y de la liberalización del comercio, a no ser que se asigne a la OMC el papel de supraorganización que defina el campo de competencia de todas las demás organizaciones internacionales, concepción que plantea cada vez más interrogantes”. [05-28]