Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

Trade in Cultural Goods and Services; Assessing the compatibility between trade rules and UNESCO's cultural diversity convention

Jane Kelsey, Jane Kelsey, miembro del comité directivo de la RIDC y profesora de derecho en la Universidad de Auckland, Ginebra, 20 de abril de 2005 – 2005/04/20

Una delegación de la RIDC presentó el caso de la necesidad de una Convención efectiva ante funcionarios clave de los gobiernos y de la OMC en Ginebra, del 20 al 22 de abril. Durante el seminario de la RIDC, que se llevó a cabo como parte del simposio de la OMC (ver nuestro Boletín no 13, 9 de mayo de 2005), y en una serie de encuentros particulares, la RIDC hizo ver en qué manera las normas de comercio multilateral y las negociaciones actuales en el marco del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS) continúan restringiendo el derecho que tienen los gobiernos de apoyar a sus propios artistas y productores culturales y restringiendo la diversidad en los medios de comunicación. Sra Jane Kelsey, miembro del comité directivo de la RIDC y profesora de derecho en la Universidad de Auckland, presentó una ponencia titulada "El Comercio de Bienes y Servicios Culturales: una evaluación de la compatibilidad entre las reglas de comercio de la OMC y la convención sobre diversidad cultural de la UNESCO" en cuál ella describió las consecuencias directas e indirectas significativas del AGCS para las políticas culturales y de medios de comunicación. Además de los retos constantes que enfrentan las políticas audiovisuales, las negociaciones actuales en telecomunicaciones y servicios de cómputo pueden representar una amenaza considerable si no toma en cuenta los contenidos culturales, que son parte integral de ambas.

Con su autorización, reproducimos a continuación extractos importantes de su intervención. En primer lugar, afirma que "La cultura es más que el sustento vital de los profesionistas o que los beneficios de las industrias culturales. Es el reflejo de diversas civilizaciones y un vehículo para la historia, el lenguaje, la poesía, la música y las historias que entretejen nuestras identidades y nuestras relaciones, que nos proporcionan maneras de mostrar nuestro carácter único y compartir la riqueza de la diversidad. Todos estos elementos deben ser celebrados y controvertidos – pero eso sólo es posible en un entorno que nutra el valor de la cultura por sí misma". Con ello, destaca que «la idea de que los acuerdos comerciales puedan constreñir las legítimas decisiones estratégicas de los gobiernos que intentan promover y defender una genuina diversidad cultural es ridícula (…). No estamos dispuestos a aceptar que las políticas culturales deban estar subordinadas a la garantía para la agricultura de acceso a los mercados". En particular, evoca la forma de esta amenaza, particularmente en el sector del comercio de los servicios, y al mismo tiempo recalca pero muchos de estos compromisos podrían fácilmente aplicarse a la inversión y a la participación financiera del estado. A este respecto, muestra cómo la cultura está insertada en los tratados sobre el comercio de los servicios: "Los compromisos de servicios se encuentran dispersos a través de un centenar de descripciones técnicas de productos – CPC. Ha habido una tendencia en el debate sobre la cultura a enfocarlo en la clasificación más obvia de servicios audiovisuales y sus subtítulos de producción, distribución, exhibición y transmisión. No obstante, los servicios recreativos, culturales y deportivos se aplican al entretenimiento, las agencias de noticias, las bibliotecas, los museos, los archivos, el deporte y las actividades recreativas, y otros servicios culturales. Los servicios profesionales incluyen la arquitectura, la planeación urbana y el diseño de paisaje. Investigación y desarrollo tiene una subcategoría para las ciencias sociales y las humanidades. Otros servicios para negocios incluye la publicidad, la fotografía, la imprenta y la publicación, así como la traducción. Así pues, lo que la gente percibe como un servicio unitario e integral, como una novela, puede ser desagregado en una serie de subsectores que incluyen la escritura, la impresión, la publicación, la fotografía, la traducción, las agencias noticiosas, la publicidad, los servicios financieros, la venta de menudeo, la distribución y el transporte. Cuando se pide a los gobiernos que hagan compromisos totales de tratamiento nacional y acceso de mercado en estos sectores, se les está pidiendo que garanticen a las compañías extranjeras un acceso irrestricto y los derechos de operación en todas estas actividades".

Y precisa que, "Pero incluso esta lista lleva a confusión, puesto que ignora el espectro de financiamiento, la producción, la distribución y el intercambio a través de los cuales las corporaciones e inversionistas trasnacionales dominan el sector cultural. Las estrategias y políticas corporativas en sectores genéricos de servicios como la venta de menudeo, el financiamiento, la distribución, las tecnologías de la información, los bienes raíces, la consultoría, los servicios financieros, las telecomunicaciones y el comercio electrónico determinan cada vez más ciertas prácticas en el seno del sector cultural. En este sentido el comercio electrónico reviste particular importancia. Porque prácticamente todos los bienes y servicios culturales sen actualmente creados, producidos, distribuidos, exhibidos y preservados en forma digital".

Sra. Kelsey destaca, asimismo, que "De lo cual se infiere que resulta técnicamente imposible aislar los servicios culturales entre las clasificaciones comerciales del GATS. Es también muy difícil predecir las implicaciones y las aplicaciones a futuro de los compromisos que se están estableciendo en la actualidad". Para demostrar la creciente importancia de los acuerdos bilaterales mientras las negociaciones para extender las reglas y programas del GATS, la ilustra con la emergencia de los tecnologías digitales: "Tiene que ver con la dominación emergente de las tecnologías digitales. Pocos gobiernos anticipaban esto en 1994, al hacer sus primeros compromisos en el marco del GATS – ¡tal como lo han manifestado los Estados Unidos en relación con las apuestas por Internet! Los gobiernos que se preocupaban por proteger su sector cultural se concentraron principalmente en las categorías de CPC para los servicios audiovisuales. Las tecnologías digitales estaban cubiertas en aquella etapa por “otros servicios de telecomunicación” y por el acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual (TRIPS). En 1998 el acuerdo sobre comercio electrónico que fue promovido por los EUA como condición previa para que el presidente Clinton asistiera a la segunda reunión ministerial de la OMC en Ginebra, estableció una moratoria para los aranceles aduaneros sobre transacciones de comercio electrónico. Esto fue complicado para quienes deseaban mantener cierto control doméstico sobre las representaciones culturales digitalizadas. Pero quedó también muy lejos de ser lo mejor para las corporaciones norteamericanas. Las exigencias norteamericanas de compromisos vinculantes en medios de comunicación digitales se han intensificado, especialmente en las negociaciones bilaterales, en las que puede ejercer una presión directa y crear precedentes acumulativos. En el acuerdo de libre comercio Chile-EU firmado en 2003, los EU estaban preparados para apadrinar la adopción de las protecciones existentes para los sectores culturales (conocidos como “punto muerto” (standstill). Pero exigían plenas garantías de acceso, no discriminación y regulaciones gobernadas por el mercado para sus compañías del campo digital en veloz expansión. El aspecto de comercio electrónico de ese acuerdo fue redactado de una manera tan amplia que todos los productos vendidos o proveídos por vía digital, incluyendo los servicios culturales, estaban cubiertos. Esta es la primera prueba concreta de un cambio en la estrategia industrial y gubernamental de los EU. Durante una conferencia organizada por la RIDC en Washington el pasado mes de enero, Bonnie Richardson, de la Motion Picture Association of America, afirmó que la industria y el gobierno no buscan más la desaparición de las cuotas de contenido existentes ni de las reglamentaciones de radio y televisión. Más bien intentan restringirlas a su espectro actual. El campo de batalla principal en lo cultural se está desplazando por lo tanto hacia los debates sobre telecomunicaciones y comercio electrónico".

Prosiguiendo esta ilustración, la Sra. Kelsey destaca que Otras propuestas parecidas fueron objeto de una tenaz oposición por parte del sector cultural australiano en las negociaciones para un tratado de libre comercio Australia-EUA (AUSFTA / TLCAEU), que concluyó en 2004: "Mientras que los EU argumentaban que los productos digitales son diferentes de los análogos, el gobierno australiano insistía en que era el mismo producto distribuido a través de una modalidad de entrega diferente. La Coalición Australiana para la Diversidad Cultural objetaba, infructuosamente, que incluso un acuerdo que llevara a un punto muerto le ataría las manos a los gobiernos australianos en cuanto a la posibilidad de adoptar cualquier política innovadora, incluyendo las estrategias para promover las industrias culturales digitales, y subcontrataría en Hollywood la creación de políticas culturales australianas". Según ella, este TLCAEU también impuso onerosas disposiciones de punto muerto a los gobiernos australianos. No podían incrementar las cuotas de contenido local existentes. Si las cuotas fueran reducidas no podrían ser devueltas en lo sucesivo a sus anteriores niveles. Se aplicaron topes a las cuotas para la radio y la televisión de transmisión abierta. Se tomaron disposiciones para introducir cuotas basadas en los costos de producción para la ‘televisión de paga’, de hasta 10 por ciento para las artes, la programación infantil, los documentales y los programas educativos, con la posibilidad de incrementar las de la ficción a 20 por ciento siempre y cuando esta fuera ‘no discriminatoria’ y ‘no más impositiva de lo necesario’. Las cuotas no podían implementarse en los servicios de audio o de imagen a menos que el gobierno probara que no había contenidos locales fácilmente disponibles. Asimismo, en virtud de que toda regla debe ser transparente y lo menos restrictiva posible para el comercio, no ha habido excepción para la radiodifusión pública, aparte de una exclusión general para las becas y las subvenciones. La definición estándar que se cita como protección de los servicios públicos – ‘servicios dispensados en el ejercicio de la autoridad gubernamental’ – sólo aplicaría en los casos en que no hubiera elemento comercial ni competidores en el mercado. Hoy en día, no hay una sola televisión o radio pública y muy pocas bibliotecas y museos que podrían pasar esa prueba satisfactoriamente.

Para concluir, Sra Kelsey afirma que, pese a estas lagunas, los neozelandeses miramos con verdadera envidia a Australia con su radio y televisión públicas y sus realizaciones actuales, las noticias internacionales y los programas de SBS, la producción de películas emocionantes, el teatro, la música, las artes y los museos. Recalca que los neozelandeses Conocemos los peligros que representan los gobiernos ideológicamente orientados que hacen compromisos diseñados para amarrar agendas de estrategias neoliberales que consideran la cultura como una mercancía prescindible y comercializable. Muchos otros gobiernos tienen una pobre comprensión de lo que esto implica, o en el caso de países emergentes tienen que ceder a exigencias exorbitantes o permanecer fuera de la OMC, tal como le sucedió a Vanuatu. Este año las negociaciones del GATS y el diluvio de arreglos regionales y bilaterales han intensificado la presión sobre los gobiernos para que suscriban la renuncia al derecho de establecer políticas y leyes que promuevan y protejan una auténtica diversidad cultural. Resulta hoy en día imprescindible reforzar la capacidad y la voluntad de los gobiernos para decir no – y no solamente en lo relativo a los servicios audiovisuales sino a toda la panoplia de compromisos que cancelan su espacio estratégico y la sostenibilidad de la diversidad cultural. [05-23]