Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

« Culture: Une seule solution, l'exception »

Alternatives internationales, Juillet-août 2005 – p. 36-39 – 2005/07-08

La publicación mensual Alternatives internationales propone un dossier sobre la cultura con un título evocador:Demain, tous américains?(Mañana, ¿todos americanos?). Asimismo, el mensual pasa revista a la identidad cultural de los pueblos, a la concentración de las industrias culturales, a la dominación de algunas de las empresas más importantes en la escena mundial, al pluralismo de la creación artística amenazada por la lógica de ‘todo mercado’ que elimina lo que no produce beneficios. Además, expone ‘las buenas razones para tener miedo’: ‘la tele estadounidense que lo inunda todo’, el Cine que se transforma en ‘Planeta Globalwood’. Acerca de los 7 artículos que integran este dossier, Jean-Michel Baer, asesor del presidente d’Arte y ex director de Cultura Audiovisual en la Comisión Europea, et Jean-Pierre Warnier, profesor de etnología en la Université Paris V, conceden una entrevista, recogida por Sandrine Tolotti y en la cual afirman que la única solución para la cultura es la excepción.

Respondiendo a la pregunta para saber si la adopción del anteproyecto de Convención por los Estados miembros de la UNESCO significa que, hoy en día, el pluralismo de las culturas está amenazado por la globalización, afirman que el pluralismo de la creación artística podría verse profundamente afectado por las lógicas capitalísticas vigentes en el sector de los industrias culturales: “El ‘todo mercado’ conduce a invertir sólo en las producciones presumiblemente rentables, dejando de lado los sectores y las creaciones que no tienen futuro económico inmediato, con todo lo que esto significa en términos de estandarización (…). Pues bien, los bienes económicos no son productos como los demás. La teoría económica de la ventaja comparativa (…), sobre la que se basan el libre comercio y la existencia de la OMC, no tiene ningún sentido en materia cultural”.

Por otra parte, destacan que, en la era de la globalización, la escala pertinente de acción en materia cultural es, ante todo, un destacado elemento de política mundial. Desde hace más de diez años, apuntan, “la ‘excepción cultural’ se ha afirmado como una línea de división entre dos concepciones. La primera, representada inicialmente por la Europa, ha llegado a ser la de la inmensa mayoría de los países del planeta: la cultura debe escapar al derecho común en materia comercial. La segunda la encarna los Estados Unidos, muy aislado en este asunto: la cultura es una mercancía como las demás”. Durante la fase final de las negociaciones comerciales de la Uruguay Round en 1993, agregan, los representantes estadounidenses exigieron una extensión de las reglas de liberalización en el sector audiovisual, pero la Unión Europea desempeñó un papel clave para impedir esta ‘mercantilización’ de la cultura, que hubiera hecho estallar todos los dispositivos de apoyo y de promoción de las obras audiovisuales. A este respecto, destacan que los Estados Unidos no deja escapar ninguna ocasión para reanudar el combate, y la lucha es dura en la OMC, donde se negocia hoy día la próxima etapa de la liberalización de los servicios: “La Unión no presentó ninguna oferta de liberalización del sector audiovisual y, por supuesto, no presentó ninguna solicitud en este sentido ante sus socios. Pero si bien, de los 148 países miembros de la OMC, 130 consideran, como ella, que la cultura no es una mercancía, la Union recibió, por parte de países como Brasil, China, India, Malí, Perú, Jordania, Corea, Taiwán y México, peticiones para liberalizar su sector audiovisual”. Por lo tanto, claman los autores, “ya es hora de preguntarnos si queremos que la UNESCO sirva para algo”.

No obstante, constatan que voces cada vez más numerosas, que emanan tanto de los Estados como de la sociedad civil, se alzan actualmente en favor de la diversidad cultural. Y este movimiento ha desembocado en el proyecto de Convención, “y el reto consiste en garantizar el libre acceso de todos los pueblos del mundo a los bienes culturales, contra la hegemonía de un mercado liberalizado y contra la de los poderes locales irrespetuosos con las minorías y la libertad de información”. Por lo tanto, afirman que el anteproyecto de Convención adoptado el pasado día 3 de junio en París “parece muy prometedor, aunque Estados Unidos, furioso, va a hacer todo lo que pueda de aquí a la Conferencia general de octubre para enmendarlo… En particular, el Artículo 20, que destaca que la convención de la UNESCO no está ‘subordinada a los otros tratados’. Dicho de otro modo, la diversidad cultural estaría dotada de un instrumento jurídico que pusiera los políticas culturales al abrigo de cualquier intento de liberalización”.

No obstante, los autores niegan que la defensa de la diversidad cultural sea también la máscara de una nueva forma de proteccionismo. Si bien los Estados han conservado el derecho a llevar políticas culturales, aún queda la batalla por el contenido, el sentido de la diversidad cultural, pues no habrá futuro para la diversidad cultural sin intercambios, sin diálogo intercultural, sin reparto, “porque los países del Sur no siempre entienden el discurso de los Estados europeos, considerando en muchos casos que la cuestión de la diversidad es un asunto de ricos que quieren proteger sus mercados. Si no les demostramos concretamente que no es así, muchos de ellos no resistirán a la seducción de las negociaciones bilaterales con Estados Unidos, y cederán sobre la apertura de sus mercados culturales a cambio de inversiones estadounidenses”. [05-22]