Diversidad cultural

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¿El comercio internacional reduce la diversidad cultural? – Perspectives économiques mondiales 2005 – Rapport de la Banque mondiale

Banque mondiale, 24 novembre 2004 – 2004/11/24

El comercio internacional es uno de los temas dominantes de la economía mundial contemporánea, en especial la cuestión de saber si las poblaciones de los países en desarrollo obtienen de los tratados comerciales regionales los beneficios esperados en términos de empleo y mejora de los servicios públicos.

Ante la sextuplicación que desde los años ochenta han experimentado los acuerdos comerciales regionales (ACR), que hoy abarcan más de un tercio del comercio mundial, el informe Perspectivas de la Economía Mundial 2005 del Banco Mundial recomienda a los países mantener “abiertos” los acuerdos comerciales regionales y bilaterales que suscriben, de manera de no desviar el comercio o causar distorsiones en el mercado que castiguen a otros países en desarrollo. El informe indica que los acuerdos comerciales regionales, entre los que se incluyen los tratados bilaterales de libre comercio entre el hemisferio Norte y el hemisferio Sur, así como los acuerdos preferenciales dentro del hemisferio Sur, pueden mejorar las perspectivas de una rápida reducción de la pobreza, aunque sólo si los países en desarrollo integran dichos acuerdos a una estrategia de liberalización del comercio con tres frentes de trabajo: uno unilateral, otro multilateral y otro regional.

A tal efecto, Sr. Richard Newfarmer, asesor económico del Departamento del Comercio del Banco Mundial y principal autor de este informe, se explayó frente a periodistas en el marco de una entrevista. Según el Sr. Newfarmer, los numerosos tratados bilaterales que hoy se firman en el mundo van a tener efectos sobre el sistema multilateral. Estos tratados bilaterales y multilaterales, especialmente los acuerdos comerciales regionales (ACR), cuyo desarrollo a escala mundial se aceleró durante los años noventa, van a conceder preferencias a ciertos países, pero resultarán discriminatorios para otros. Por esto, la cuestión consiste en saber « cuál es la forma de liberalización que servirá mejor como trampolín para la puesta a punto de tratados multilaterales y más liberales. ¿Los países conocen los beneficios que pueden obtener del comercio abriéndose primero a su socio regional y, en consecuencia, apoyan luego una liberalización multilateral? O bien, ¿gozan primero de un acceso preferencial y luego se oponen a los tratados multilaterales porque no quieren arriesgar la erosión de sus preferencias? La respuesta a estos interrogantes dista mucho de ser clara. Doha, en realidad, constituirá su primera prueba verdadera ». Examinando la cobertura comercial de los tratados regionales en materia de comercio, el autor constata que « los tratados firmados actualmente con Estados Unidos o la Unión Europea constituyen alrededor del 80% del conjunto del comercio realizado a través del canal de los mecanismos comerciales regionales. Por lo tanto, queda claro que son actores extremadamente importantes ». Al respecto, destaca que « los países en desarrollo buscan establecer acuerdos con mercados más extensos, especialmente el de Estados Unidos y de la Unión Europea, simplemente porque estos mercados son más ricos en perspectivas de negocios para los exportadores de los países en desarrollo. Obtener un acceso preferencial a un mercado extremadamente importante como el de Estados Unidos es mucho más prometedor que firmar un tratado con otro país más pequeño ».

Con respecto a saber si ¿El comercio internacional reduce la diversidad cultural? Sr. Newfarmer sostiene que está claro que, en ciertos casos, lo logra: “la integración al mercado mundial, a causa de la comunicación, el comercio y la tecnología, tiende a reducir el número de lenguas habladas en el mundo (…) y se podría temer que otros elementos de la cultura corran la misma suerte. La cuestión que toda sociedad debe plantearse consiste en encontrar los medios más eficaces para preservar los principales elementos de su cultura y la manera de utilizar el comercio internacional para no solamente preservar su cultura, sino para valorizarla mejor ». No obstante, reconoce que « el impacto del comercio en la diversidad cultural a largo plazo aún no está claro. Por el contrario, lo que resulta evidente es que el mejor medio para preservar las culturas locales no es oponerse al comercio internacional, sino más bien hacer que el Gobierno adopte programas que fomenten, preserven, o incluso subvencionen en caso necesario el mantenimiento de los distintos elementos de la cultura dentro de un interés nacional ». Por el contrario, previene, « no sería necesario utilizar la diversidad cultural como argumento para proteger actividades que no deberían serlo, como por ejemplo, las pequeñas granjas familiares que se mantendrían con vida a golpe de medidas de protección y subvenciones importantes. Siempre es posible concebir programas que permitan lograr objetivos precisos en cuanto a la conservación de la cultura y no es necesario, por lo tanto, recurrir a distorsiones del comercio y frenar el acceso (…) a los mercados internacionales ». [05-04]