Diversidad cultural

Publicaciones y Estudios

¿Porqué se debe salvaguardar la excepción cultural?

Vanessa Marson, Universidad del Havre, Facultad de los Asuntos internacionales, 12 de enero de 2005 – 2005/01/12

« ¿Es posible anular, en nombre de una cierta igualdad competitiva y comercial, una excepción que permita a un país cultivar sus talentos? ». Para responder a esta pregunta, Sra. Vanessa Marson, postula que « el resultado del ciclo de Doha, previsto durante el 2006, corre el riesgo de reemplazar el estatus de excepción cultural por el de especificidad cultural ». Para comprender que no es deseable la liberalización de los servicios audiovisuales, añade, es necesario conocer los efectos positivos de la excepción cultural sobre la industria cinematográfica europea: « Este estatus, que protege de manera casi exclusiva los servicios audiovisuales, es el motor del crecimiento económico del cine europeo. Permite el mantenimiento y desarrollo de todas las políticas de ayuda financiera nacional o comunitaria del sector audiovisual. Gracias a este apoyo, en diez años el número de largometrajes producidos en la Unión Europea aumentó 26% y 73% en Francia. La parte correspondiente a las películas estadounidenses disminuyó 5 %. En la actualidad, el cine estadounidense financia 75% de la producción audiovisual europea puesto que Europa es la única beneficiaria de los impuestos sobre los vídeos y las películas extranjeras. ¡Sin las numerosas ayudas al cine francés y europeo, el balance del cine de Europa sería muy malo! Por lo tanto, la excepción cultural parece resultar una alternativa creíble para la industria hollywoodiana. A largo plazo, las consecuencias de su desaparición serían desastrosas ».

Asimismo, la Sra. Marson sostiene que el principio de trato nacional, que es uno de los principios sobre los que se basan las negociaciones comerciales internacionales, tendría repercusiones sobre la producción europea. Disminuido desde un punto de vista económico, el cine europeo sería más vulnerable a las importaciones estadounidenses que lo que logró aminorar la excepción cultural. Hace hincapié en las dos principales tesis que se oponen sobre este tema: para los defensores de una apertura general de los mercados, es decir, Estados Unidos, la liberalización de los servicios audiovisuales se ajusta al estatus comercial que se da en el otro lado del Atlántico a los servicios en cuestión. Sin embargo, desde el punto de vista europeo, los servicios audiovisuales, a causa de su relación con la cultura, no se pueden asimilar como simples mercancías. Por lo tanto, resulta necesario el apoyo de la potencia pública para la creación cinematográfica con el fin de permitir a las producciones europeas expresarse en la diversidad, alentando a todas las personas que participan en la finalización de la obra. Según esta posición, las obras audiovisuales nacen « de la experiencia y de la imaginación del Hombre. Son "obras del espíritu" ». Una concepción que, para Sra. Marson, es difícil que los demás acepten en un mundo donde se da prioridad a la permanente busca de ganancias.[05-03]