Diversidad cultural

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La Comisión de Cultura, Educación y Comunicación del Senado francés analiza la Convención de 2005

El pasado día 10 de marzo, la Embajadora y Delegada Permanente de Francia ante la UNESCO, Sra. Rama Yade, intervino ante la Comisión de Cultura, Educación y Comunicación del Senado francés acerca de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. Bajo la presidencia del Sr. Jacques Legendre, la Comisión deseaba proceder a un balance de la Convención y a cuestionarse sobre la estrategia seguida por la UNESCO para promover la diversidad de las expresiones culturales. He aquí algunos extractos de las palabras de la Sra. Yade:

“[...] Pues bien, esta Convención es, en sí, un éxito. En efecto, representa un importante avance sobre los principios: ha renovado la concepción de la cultura en el ámbito internacional. [...] No obstante, las aportaciones de dicha Convención son más profundas, y han pasado hasta este punto a formar parte del sentido común que uno se olvida de que es ella la que las ha grabado en las tablas de la ley internacional. Los bienes y servicios culturales no pueden ser considerados como simples mercancías –a lo cual remite torpemente la fórmula de excepción cultural. Por lo tanto, los Estados tienen derecho a llevar a cabo políticas culturales públicas, ya que el mercado no garantiza el subsidio óptimo de los recursos en el sector de la cultura. [...]

La Convención propicia la creación de industrias y redes culturales más variadas frente a una lógica de concentración cada vez mayor. ¿Cómo actuar? Entre 2005 y 2010, los Estados Partes se prestaron a un ejercicio largo y necesario, consistente en redactar directrices operativas, es decir, decretos de aplicación de la Convención. Esta labor de benedictino hizo creer en un eclipse pasajero de la Convención. Nada de eso. Sus mecanismos operacionales a favor de los países en desarrollo están ya implantados y comienzan a funcionar. Es una prioridad reforzarlos. [...]

El artículo 20 de la Convención planteó principios claros: “Relaciones con otros instrumentos: potenciación mutua, complementariedad y no subordinación”, y ello en relación con los demás instrumentos internacionales, entre ellos la Organización Mundial del Comercio (OMC). Creo que sería prematuro ir más allá, pues las interpretaciones jurídicas son inciertas: no sabemos cómo se arbitraría una discrepancia entre las reglas de la OMC y las de la Convención. Algunos países están tentados a veces, bajo presiones amistosas, de renunciar a derechos que tienen, en virtud de la Convención sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales en el momento de concluir acuerdos bilaterales de libre comercio. Los retos no se limitan a la interpretación del derecho; también conciernen a la economía, particularmente en el sector de los bienes audiovisuales, y se puede esquivar la Convención, lo cual constituye el riesgo más importante.

Para hacer frente a esta situación, la Unión Europea y Francia han adoptado su propia estrategia. En nuestros acuerdos de cooperación o de intercambios culturales, en todos los ámbitos en los que sea posible, nos referimos a la Convención de 2005 y citamos sus principios y normas. Es en estos acuerdos bilaterales, más puntuales, donde la Convención cobra su sentido. [...]

Aún joven, no ha dado todos sus frutos; todavía es rica de importantes potencialidades. Tengamos paciencia y dejemos que pase el tiempo, pero mantengámonos muy activos, particularmente a través de la Francofonía, tanto para velar por la aplicación adecuada de la Convención como para fortalecerla ante otros instrumentos internacionales”.

Es posible leer el informe íntegro de la intervención de la Sra. Rama Yade en el sitio Internet del Senado francés.

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