Diversidad cultural

Boletín informativo
La Diversidad de las Expresiones Culturales

Vol. 5, no 37, lunes, 19 de diciembre de 2005

Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales

Ceremonia de aprobación de la Convención de la UNESCO para el Gobernó de Québec – 10 de noviembre de 2005

Intervention de M. Jean Charest, premier ministre du Québec

Discurso de Primer Ministro Jean Charest

Ceremonia de ratificación de la Convención de la UNESCO para Canadá – 23 de noviembre de 2005

Fotografía : Paul Ducharme

EN DESTACADO :

Comunicados, discursos, declaraciones

En la agenda



Comunicados, discursos, declaraciones

Créer comme personne d'autre ! La diversité culturelle, une richesse pour le monde

Réseau international pour la diversité culturelle (RIDC), le 21 novembre 2005 – 2005/11/21

Con la adopción, a la UNESCO el pasado día 20 de octubre, de la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales, la Red Internacional para la Diversidad Cultural (RIDC) y los Ministros de la Red Internacional de Políticas Culturales (RIPC) inician una nueva fase del proceso: “Ahora es preciso trabajar en su implementación y encontrar medios concretos para convertirla en un instrumento eficaz de política y desarrollo. Esto tiene una particular importancia, pues empezamos esta nueva fase de nuestro trabajo en África, cuna de la humanidad, y en Senegal, cuya rica diversidad de las artes y la cultura debe encontrar los medios para superar los obstáculos de las reglas de la difusión comercial, a fin de alcanzar a los públicos de todos los continentes. Éste es el reto que se presenta para todas las culturas del mundo y la RIDC se dedicará a ello en la medida de sus recursos. Es preciso establecer las condiciones y reglas para permitir, entre otras cosas, intercambios culturales ricos, variados y equilibrados”.

Éstos son los términos de la Déclaration adoptado al finalizar la 6a Reunión Anual de la RIDC, que se celebró en Dakar del 17 al 20 de noviembre de 2005, en colaboración con la Red de Actores Socioculturales y la Coalición senegalesa para la diversidad cultural. Este 6aReunión reunió a 138 delegados de 45 países que cambiaron opiniones durante tres días, sobre la importancia de la diversidad cultural como medio para reforzar la cohesión social, reducir la pobreza y permitir un desarrollo sostenible.

Como lo recalca la RIDC, el diálogo se llevó a cabo sobre cinco temas principales: la rápida ratificación de la Convención por 70 a 85 Estados miembros de la UNESCO; el rechazo de las peticiones presentadas por diversos Estados, en el marco de las negociaciones en curso en la OMC o en las negociaciones de tratados bilaterales y regionales sobre comercio e inversiones, para que se negocie en los sectores de bienes y servicios; la identificación de iniciativas y proyectos que encarnen los compromisos contraídos en la Convención; la promoción de la cooperación entre los Estados miembros signatarios de la Convención; la promoción de la cooperación necesaria entre los Estados miembros y la sociedad civil, tanto a escala nacional como regional e internacional.

Manifestando su satisfacción, al igual que los ministros de la RIPC, por la adopción de la Convención, lo cual consideran como un triunfo capital, la RIDC estima que la ratificación de la Convención representa un desafío que no se debe subestimar: “Nuestros delegados salen ahora de Dakar convencidos de la importancia de la ratificación de la Convención y decididos a lograrlo trabajando juntos tanto a escala nacional como regional, y luego haciendo todo lo que esté en sus manos para convencer a sus gobiernos respectivos de la importancia crucial de este ratificación ». Pero la ratificación no es suficiente, destaca la RIDC: “La UNESCO debe asumir el papel clave que le fue asignado en la Convención (…). La UNESCO debe recibir y difundir toda la información pertinente para que podamos comprender el estado de las industrias creativas en cada país y analizar el actual desequilibrio en el comercio de los bienes y servicios culturales"

Por otra parte, la RIDC destaca que una ratificación rápida de la Convención no hará desaparecer las presiones ejercidas sobre diversos gobiernos para llevarlos, en la negociación de tratados sobre el comercio y las inversiones, a contraer compromisos incompatibles con una visión auténtica de la diversidad cultural y de un desarrollo orientado hacia la cultura. En efecto, al igual que el Comité de Enlace Internacional de las Coaliciones para la Diversidad Cultural (ver nuestro Boletín no 35, 25 de noviembre ), la RIDC afirma que los gobiernos se enfrentan con múltiples presiones en las negociaciones comerciales en curso a escala internacional. Por consiguiente, es urgente que los ministros de Comercio estén sensibilizados ante la amplitud de las amenazas que pesan sobre las políticas culturales; dicha amenazas van mucho más allá de las industrias creativas, el audiovisual, la edición y la música, pues también se ven amenazados las telecomunicaciones, el comercio electrónico, los servicios de comercio al por menor y de distribución, los medios de comunicación y otros muchos sectores. Todo compromiso contraído en estos sectores podría paralizar la capacidad de los gobiernos para proteger y promover a sus artistas y sus productores culturales. Esto es el discurso que deben mantener todos los ministros de Cultura con sus colegas de los otros ministerios, suplica la RIDC.

A este respecto, “habida cuenta de los actuales desarrollos en las discusiones que se están llevando a cabo en la OMC y en numerosas negociaciones bilaterales y regionales”, la RIDC pidió a los delegados en el 6º Encuentro “que fueran más cautelosos que nunca”. Asimismo, instó a los Estados miembros a que siguieran colaborando con la sociedad civil para apartar los bienes y servicios culturales de los acuerdos sobre el comercio. En este sentido, hay que recalcar que, en fecha reciente, la Unión Europea pidió, en el marco de las negociaciones que se están llevando a cabo en la OMC, que se establecieran bases mínimas en el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS). Las acciones recientes de los gobiernos de Kenia, Brasil, Venezuela y otros países destinadas a resistir a ello ilustran el potencial de una verdadera solidaridad entre Estados. Asimismo, los miembros de la RIDC hicieron un llamamiento urgente al Presidente de la República del Perú para incitarla a resistir a las presiones ejercidas por Estados Unidos para llevarla a suscribir un tratado comercial de libre comercio entre Estados Unidos y los países de la Comunidad Andina en el que no entrase ninguna cláusula de excepción cultural.

Para concluir, la RIDC afirma que trabajará con todos los voluntarios para llegar a una ratificación rápida de la Convención, buscar oportunidades para los actores culturales y hacer frente a la evolución de las negociaciones que pudieran amenazar la integridad de las culturas locales y la diversidad cultural tanto a escala nacional como internacional.

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Convención de la UNESCO sobre la diversidad de las expresiones culturales - Continúa la lucha: "Es necesario trabajar intensamente para proseguir la movilización, con miras a su ratificación"

Line Beauchamp, ministre de la Culture et des Communications du Québec, Lyon, le 7 décembre 2005 – 2005/12/07

Al finalizar el coloquio titulado "La lucha por la diversidad cultural", organizado en el marco de las Decimoctavas Conversaciones del Centre Jacques Cartier que se celebró en Lyon del 2 al 7 de diciembre de 2005, la Ministra de Cultura y Comunicaciones de Québec, Sra. Line Beauchamp, hizo público un informe sobre las perspectivas de acción relativas a la aplicación de la Convención la diversidad de las expresiones culturales adoptado el pasado día 20 de octubre en la UNESCO. Dicho estudio Bernier/Ruiz-Fabri ‘explora los límites de las condiciones del éxito de la implantación’ de la Convención, que aún tiene que ser ratificada por 29 países, dado que ya lo hizo Canadá. La Ministra Beauchamp reconoció que todavía queda mucho por hacer e insistió en la necesidad de “trabajar intensamente para proseguir la movilización, con miras a la ratificación de la Convención”.

A este respecto, cabe notar que, desde la adopción de la Convención a la UNESCO, la prioridad de los partidarios de la diversidad cultural es lograr que la ratifique un máximo de países, de forma que tenga el mayor peso posible. Pues bien, para el autor del estudio, el profesor Ivan Bernier, hay un riesgo de que los apoyos a la Convención se ‘debiliten’ si no se prepara ahora mismo su implementación: “Si no logramos convencer a los países en desarrollo (PED) de lo serio de esta Convención, el apoyo no tardará en desmoronarse”, agregó. Y “los plazos arriesgan con sumarse y provocar una dilación en su implantación, y luego su debilitamiento”, añadió Sra. Hélène Ruiz-Fabri que colaboró en el estudio. Ambos afirman, asimismo, que sería “sumamente lamentable” que, tras su adopción y luego su ratificación, la Convention “fracasara a nivel de la implantación”. En su opinión, “el mejor medio para evitar que esto suceda es prepararse ahora mismo para esta etapa de la aplicación, como si la Convención estuviera a punto de entrar en vigor (…). No se debe esperar tres o cuatro años. Si incluso antes de la ratificación, se pudieran presentar propuestas concretas, daría mayor sentido a la ratificación. Podría acelerarla, confirmando el sentimiento de que puede triunfar. También infundiría confianza en los que duden”.

En efecto, la Convención contiene une serie de compromisos para ayudar a los países en desarrollo (PED) a dotarse de políticas culturales, en particular el trato preferente otorgado a sus artistas para la creación de un fondo internacional para la diversidad cultural. A este respecto, el copresidente de la Coalición canadiense para la diversidad cultural, Sr. Pierre Curzi, destaca que “tenemos que empezar ya a aumentar los intercambios y las transferencias de conocimientos a los PED, sin lo cual vamos a matar la esperanza que hemos suscitado. Y queda claro que si los países ricos no hacen un esfuerzo económico, tendremos una Convención inestable”. La Ministra Beauchamp que reconoce que se trata de un ‘tema sumamente importante’, que no debe estar ‘ligado exclusivamente a la creación del fondo’ ni adoptar únicamente ‘la forma de subvenciones’, declara: “Tenemos que ayudar a los países en desarrollo a poner a punto mecanismos de financiamiento de la creación”.

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23a Cumbre Africa- Francia: "Hay que acelerar los procedimientos de la ratificación de la Convención de la UNESCO sobre la diversidad de las expresiones culturales" - Los Compromisos de Bamako

Comunicado final, Bamako, Mali, le 6 décembre 2005 – 2005/12/06

Cincuenta y un Estados de África, junto con Francia, participaron, los días 3 y 4 de diciembre en Bamako (Mali), en la 23ª Conferencia de los Jefes de Estado y de Gobierno de África y Francia. Veinticinco de ellos estaban representados por su jefe de Estado; también participaron en la misma representantes de la ONU, de la Unión Africana, de la Unión Europea y de otras organizaciones regionales e internacionales. En dicha ocasión, la Conferencia manifestó su alegría por la adopción, el pasado día 20 de octubre, de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales a la 33a Conferencia general de la UNESCO que aspira a promover las culturas nacionales. Incitó a los Estados respectivos a acelerar los procedimientos de su ratificación. Asimismo, reconoció el papel vanguardista de la juventud en la promoción de la imagen de África y la lucha por la aceptación de la diversidad cultural, que garantiza una mayor comprensión entre los pueblos y, por ende, propicia la instauración de un desarrollo solidario y una paz duradera.

Durante la conferencia, también se manifestó el deseo de que la reunión de la OMC que se celebra en Hong Kong del 13 al 18 de diciembre de 2005, tuviera en cuenta las prioridades de desarrollo de África en las negociaciones comerciales.

 

 

 

 

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En la agenda

Expediente comercio/cultura: La 6ª Conferencia Ministerial de la OMC en Hong Kong, China – 13-18 de diciembre de 2005

¿Reto, oportunidad o amenaza sobre la diversidad cultural?

La 6a Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se inauguró el pasado día 13 de diciembre en Hong Kong, iniciando así seis días de trabajos de los 149 países miembros para tratar de que progresara la liberalización de los intercambios mundiales. Tanto en Washington como en las otras capitales occidentales, se decía que era urgente que los países más desprovistos del planeta sacasen provecho de la globalización y saliesen de su extrema pobreza; que se combatiese, mediante el progreso, el resentimiento de las poblaciones de estos países anclados en lo más bajo de la economía mundial. De allí que se llame ‘ronda del desarrollo’ este nuevo esfuerzo de liberalización de los intercambio que, supuestamente, reduciría la distancia entre ‘ganadores’ y ‘perdedores’ de la globalización”.

En su reciente boletín (no 8, vol. 6, noviembre de 2005), le RIDC presenta un estudio de la Sra. Jane Kelsey, profesor de Derecho a la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, en el cual ésta afirma que “mientras que la atención general está centrada en el sector cultural y en los desarrollos en la UNESCO sobre la Convención sobre la diversidad de las expresiones culturales, hay actualmente un verdadero asalto, en la OMC, contra la diversidad cultural y el derecho de los gobiernos a apoyar su sector cultural local”. Según ella, las actuales negociaciones en el AGCS tienden a ampliar el derecho de las empresas extranjeras a administrar los servicios de un país, tales como la salud, la educación, las pensiones, los ferrocarriles, los servicios postales y la radiodifusión. Asimismo, este derecho impediría que los gobiernos otorgasen prioridad a los proveedores locales de tales servicios. Hace particular hincapié en que, en este momento, la Comisión Europea exige que cualquier concesión hecha en el sector de la agricultura tenga como contrapartida ventajas comerciales en el marco del AGCS. Hay cierto número de gobiernos, incluidos Estados Unidos, la Comisión Europea, Japón, Australia, Suiza, Corea del Sur, Taiwán y Nueva Zelanda que presionan para que se exija a todos los países, tanto los ricos como los pobres, que abran un número mínimo de sus servicios a las empresas extranjeras. Algunas propuestas provienen de grupos de países desarrollados (PD) que desean, de la misma manera, llevar a cabo transacciones más extensas en sectores prioritarios, mientras que se ‘invitaría’ a los PED y a los PMA a unirse a ellos. En realidad, estas invitaciones ocultan amenazas, directas o indirectas, de pérdidas en los sectores del comercio o de la ayuda para los países que no acepten participar.

Según Sra. Kelsey, uno de estos sectores es el audiovisual, para el cual las presiones vienen del grupo llamado ‘Amigos de los Servicios Audiovisuales’, encabezados por Estados Unidos y otros países como Hong Kong, China, Taiwán, Chile, Japón y México. Esto viene acompañado de serios intentos de algunos gobiernos para debilitar la Convención de la UNESCO sobre la diversidad de las expresiones culturales. Además, la amenaza contra la cultura no se hace únicamente en el sector audiovisual, sino que está también presente en las áreas de telecomunicaciones, publicidad, venta al por menor, edición, parques temáticos y gestión de eventos, entre otras, informa la Sra. Kelsey, quien destaca que, durante años, los que apoyaban al AGCS siempre afirmaron que las reglas de ésta permitían que los países decidieran qué servicios estaban dispuestos a abrir a las empresas extranjeras, y que los gobiernos tenían derecho a regular y proteger sus servicios culturales. Y esto no es evidente, afirma, pues las negociaciones del AGCS son una jungla en la cual tan sólo domina el interés de los más potentes, donde los intercambios son beneficiosos para las transnacionales de los servicios y/o estos intercambios sirven de cebo para sus ‘asuntos agrícolas’. Según Sra. Kelsey, esta presión va a continuar, con o sin la Convención de la UNESCO. Por esta razón, agrega, resulta esencial que la gente esté en guardia sobre lo que sucede actualmente en Ginebra y las presiones de que son objeto sus gobiernos para que firmen convenios durante la Conferencia Ministerial en Hong Kong.

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Lo que está en juego en la Conferencia Ministerial en Hong Kong

Creada el 1º de enero de 1995, con el objetivo de liberalizar y regular el comercio entre los Estados, la OMC ha contribuido desde entonces al desarrollo espectacular de los intercambios mundiales. Esta institución es a la vez un marco para negocias tratados comerciales y el garante de estos tratados, gracias a un mecanismo de solución de las controversias. La OMC, que consta de 149 Estados miembros, con la inclusión de Arabia Saudí, el pasado día 11 de diciembre, es la heredera de un largo proceso de definición de los intercambios, iniciado en 1948 con el Acuerdo general sobre las tarifas y el comercio (GATT en inglés), para evitar las derivas proteccionistas del pasado. Durante la última serie de negociaciones multilaterales, la Ronda de Uruguay (1986-1994) que desembocó en la creación de la OMC, se amplió el campo de acción de la Organización. En lo sucesivo, el comercio de los servicios y la propiedad intelectual entran en sus competencias. En el sector de los intercambios de mercancías, la agricultura forma por primera vez parte de las discusiones. Por último, para arbitrar los conflictos comerciales, se establece un tribunal con poder de sanciones, el Órgano de Solución de las Controversias (ORC). Gracias a este mecanismo apremiante, que permite condenar a un país a fuertes sanciones económicas si incumple sus promesas comerciales, la OMC ha logrado una eficacia envidiada en el mundo de las organizaciones intergubernamentales, pues la única institución internacional en haber puesto a punto un mecanismo de sanciones para obligar a los Estados a cumplir sus compromisos. Pero si la ORC muestra un balance técnico satisfactorio, su balance político levanta cada vez más protestas, sobre todo porque, ante esta ‘ley del comercio’, aún no existe una justicia ambiental, societal o cultural equivalente.

Así pues, la 6a Conferencia Ministerial de la OMC que se celebra en Hong Kong pretende hacer progresar las negociaciones lanzadas en la cuarta Conferencia Ministerial, que se celebró en Doha (Qatar) en noviembre de 2001. Estas negociaciones apuntan a una nueva reforma de las reglas comerciales con la aceleración de la integración de los PED en el sistema comercial multilateral; el mejoramiento de las reglas comerciales; la ampliación del acceso a los mercados; una mejor coordinación de la asistencia técnica y del refuerzo de las capacidades en el sector de los intercambios, así como la reducción de los obstáculos a los intercambios. El proceso de las negociaciones comerciales multilaterales así iniciado se denomina comúnmente Ronda de Doha. En este sentido, la Declaración de Doha establece el mandato de las negociaciones sobre diversos temas y prescribe otros trabajos, en particular sobre las cuestiones relativas a la implementación de los acuerdos actuales. Entre estas negociaciones figuran aquéllas que están relacionadas con la agricultura y los servicios, que comenzaron a principios del año 2000. A fin de terminar esta ronda en diciembre de 2006, la Conferencia Ministerial en Hong Kong debería desembocar en un acuerdo donde se fijasen cifras sobre los principales puntos de las negociaciones: la reducción de los derechos arancelarios sobre los productos agrícolas y los bienes industriales; el monto de las reducciones para los apoyos internos a la agricultura; la fecha de finalización de las subvenciones a las exportaciones y la lista de servicios más abiertos a los intercambios.

Se multiplicaron las reuniones entre ministros de las principales potencias comerciales (Los Estados Unidos, Unión Europea, Brasil y la India, en particular), pero no permitieron realizar los avances necesarios en la última recta antes de Hong Kong. Asimismo, las divisiones, particularmente en el área agrícola, son demasiado importantes para esperar que se llegue a un acuerdo global. La agricultura –y el arduo debate sobre las subvenciones, los derechos arancelarios y las ayudas a las exportaciones que la acompañan– es, una vez más, el principal obstáculo: “Las naciones más pobres quieren incrementar sus exportaciones de productos agrícolas y que los países más ricos bajen las tarifas sobre los productos agrícolas y eliminen las subvenciones que otorgan a sus productores. Por otro lado, a los países desarrollados (PD), están más interesados en una mayor apertura de los mercados para sus productos manufacturados y sus servicios”.

El segundo tema importante es el de los servicios y los productos industriales. En los PD, el comercio de bienes manufacturados ha alcanzado los límites de su expansión, y es en la exportación donde las industrias europeas y estadounidenses ven su crecimiento. Pero los países emergentes temen una competencia insoportable para sus jóvenes industrias. En lo que concierne a los servicios, la UE y los Estados Unidos son asimismo socios para un mayor acceso a los mercados de los países emergentes. India encuentra su interés en el intercambio entre una apertura de su sector de los servicios a cambio de la obtención de visas para su mano de obra calificada. Por último, los países ACP y el G90 desean mantener barreras arancelarias para proteger sus economías y una solución específica para sus situaciones. Por lo general, a cambio de concesiones en materia agrícola, los PD reclaman una baja generalizada de los derechos arancelarios sobre los productos industriales conforme a una fórmula que obligase a todos los países a reducir sus derechos por debajo de cierto límite. Asimismo, piden a los PED que abran más sus servicios a la competencia extranjera.

El tercer tema es el del desarrollo. A falta de encontrar un acuerdo global sobre nuevas reglas comerciales y a falta de convergencia sobre los dos temas anteriores, la Conferencia Ministerial en Hong Kong se conformaría con un ‘paquete desarrollo’ arreglado por la Unión Europea y por el cual Bruselas propone que se amplíe el acuerdo “todo salvo las armas’, que suscribió con los países menos adelantados (PMA), a los otros miembros de la OMC y en el cual los PD y los países emergentes ofrecerían un acceso sin derechos arancelarios ni limitaciones en los productos en los PMA. Por lo tanto, “si se tratara del único salvavidas que se ofreciera en Hong Kong, y que los Estados miembros no lograran agarrarse al mismo, entonces esta Conferencia sería verdaderamente un ‘fracaso’.

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Liberalización de los intercambios: los retos de la Conferencia Ministerial en Hong Kong

La principal consigna de los miembros de la OMC es ‘Evitar un nuevo Cancún’. En efecto, la última Conferencia Ministerial que se celebró a finales de 2003 en Cancún (México), se saldó con un fracaso. Algunos PED, como la India, se habían negado a negociar sobre temas como la competencia, la simplificación de la burocracia y la transparencia de los mercados públicos en ausencia de concesiones sobre la agricultura por parte de los países ricos. En un discurso pronunciado el pasado día 12 de diciembre, el Director general, Sr. Pascal Lamy, dijo que los Miembros tenían que “reforzar el proyecto de Declaración, desarrollarlo y hacerlo avanzar”, recalcando que no había “tiempo que perder”. Ya había advertido de que “un fracaso de las negociaciones sería una traición para los países pobres”: “Perderíamos una oportunidad histórica de eliminar las subvenciones para la exportación utilizadas para vender los productos agrícolas (de los PD) en condiciones de dumping en los mercados de los PED”.

De hecho, unos expertos consideran que un fracaso de la ronda de negociaciones de Doha, elemento decisivo de la Conferencia Ministerial de la OMC en Hong Kong, penalizaría ante todo a los PED, que reclaman el fin de las injusticias en el comercio mundial de los productos agrícolas. Por lo tanto, el Sr. Lamy recordó: “En Doha, prometimos a los países en desarrollo que se corregirían, en su favor, las distorsiones del sistema comercial mundial. Si la ronda no tuviera resultados, los países en desarrollo perderían toda esperanza de nuevos mercados y de una mayor equidad (…). Necesitamos esta ronda (de Doha) para promover el desarrollo económico y contribuir a la reducción de la pobreza”.

Después de Seattle, en 1999, y Cancún en 2003, un nuevo revés de la OMC podría suponer el fin de las negociaciones multilaterales y dar, en todos los países, un nuevo impulso a los que favorecen el proteccionismo, como en el Congreso de Estados Unidos, donde se presentan regularmente propuestas para que se retire de la OMC, y como lo advirtió el comisario europeo para Comercio, Sr. Peter Mandelson, en una entrevista concedida el 10 de noviembre en el diario económico alemán Handelsblatt: “Un desarrollo del proteccionismo sería inevitable”. Según Françoise Crouïgneau, del diario Les Échos, “un fracaso en Hong Kong podría poner en tela de juicio una dinámica multilateral, ya un tanto maltrecha con la multiplicación de los tratados bilaterales, y reducir aún más la credibilidad de la OMC. Al gritar “Hundan a la OMC”, los altermundialistas deberían saber que tiran piedras contra su propio tejado, pues están reclamando la muerte de una institución que, sin duda, debe reformarse, pero que sigue siendo la única capaz de fijar las reglas del juego, tanto para los fuertes como para los débiles, y de lograr que dichas reglas sean apremiantes”.

Por su parte, Sr. Jean-Pierre Lehmann, del centro de reflexión liberal Evian Group, teme dos situaciones posibles: “Una sería ver el mundo tejido por una tela compleja de tratados comerciales preferentes” otorgados fuera del marco de la OMC entre Estados o regiones del mundo. Semejante situación suele ser desventajosa para los países pobres, que tienen menos peso para negociar de forma bilateral frente a un país rico. La otra situación representaría “un retorno a la anarquía, al desmantelamiento del derecho en el comercio internacional y a las guerras comerciales de los años 1930”, con temibles consecuencias geopolíticas.

Por eso el economista Michel Rainelli constata, en una obra reciente sobre la institución (L'économie mondiale 2005, Paris, La Découverte, Repères n° 393), “un contexto general en el que se pone en tela de juicio a la OMC, a la vez desde dentro, por parte de naciones en desarrollo que consideran que la globalización se hace en detrimento suyo, y desde fuera, por parte de las ONG, que critican los principios mismos de su funcionamiento” y le reprochan una apertura de los mercados desfavorable para los pequeños actores del comercio internacional. Los acuerdos alcanzados en el marco de la OMC no siempre tienen buena reputación. Como reacción al bloqueo de las negociaciones en estos últimos años, son cada vez más numerosos los países que han elegido suscribir acuerdos bilaterales o regionales. Pues bien, este tipo de tratados favorece ante todo a las economías influyentes que pueden imponer sus condiciones. Además, la OMC se ve confrontada al aumento constante del número de sus Estados miembros con una variedad de economías nacionales tan amplia, lo cual hace difícil la toma de decisiones consensuadas. Los países emergentes, que han comprendido la ventaja que pueden sacar del multilateralismo, serían sin duda los primeros afectados.

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Las alianzas en la OMC y los grupos presentes en Hong Kong

Por lo general, para defender mejor sus intereses durante unas negociaciones, los miembros de la OMC establecen entre sí alianzas relativamente homogéneas que les permiten defenderse de las posiciones comunes, pero también facilitar las negociaciones entre los 149 miembros. Proliferan estas alianzas más o menos informales hasta tal punto que algunos países figuran en varios grupos. De hecho, el aumento de potencia de los países emergentes en el comercio internacional, como Brasil, la India o China, se refleja en las negociaciones en la OMC. Anteriormente, Estados Unidos, la UE, Canadá y Japón estaban en primera fila y las oposiciones se reducían, en muchos casos, a un enfrentamiento Norte-Sur. La creación del G20 (grupo de los países emergentes), por iniciativa de Brasil antes de la conferencia de Cancún, en 2003, cambió la situación. Así pues, se cuenta con varios protagonistas:

  • El G10 (9 miembros: Corea del Sur, Isla Mauricio, Islandia, Israel, Japón, Liechtenstein, Noruega, Suiza, Taiwán). Reúne a países importadores netos de productos agrícolas que imponen derechos arancelarios muy elevados sobre ciertos productos considerados como vitales para sus agricultores, como Japón (más del 500% sobre sus importaciones de arroz). Rechazan toda noción de límite máximo para los derechos arancelarios;

  • El Grupo de Cairns (17 miembros: Sudáfrica, Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Filipinas, Guatemala, Indonesia, Malaisia, Nueva Zelanda, Paraguay, Tailandia, Uruguay). Reúne a grandes exportadores agrícolas, desarrollados o en desarrollo, hostiles a las subvenciones de la UE y de Estados Unidos;

  • El G20 (21 miembros: Sudáfrica, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Egipto, Filipinas, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Tailandia, Tanzania, Uruguay, Venezuela, Zimbabue). Reúne a países emergentes bajo la dirección de Brasil y la India. Están de acuerdo para denunciar las políticas agrícolas de los países ricos; están más divididos sobre la cuestión de los productos industriales, entre países exportadores favorables al libre comercio, como Brasil, y países más proteccionistas como la India;

  • El G33 (42 miembros: Antigua y Barbuda, Las Barbados, Belice, Benín, Botsuana, China, Congo, Corea del Sur, Costa de Marfil, Cuba, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Isla Mauricio, India, Indonesia, Jamaica, Kenia, Madagascar, Mongolia, Mozambique, Nicaragua, Nigeria, Pakistán, Panamá, Perú, Filipinas, la República Dominicana, St Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vincent y Granadinas, Senegal, Sri Lanka, Surinam, Tanzania, Trinidad y Tobago, Turquía, Uganda, Venezuela, Zambia, Zimbabue). Reúne a PED que defienden el concepto de ‘productos especiales’ importantes para su agricultura, para los cuales reclaman la posibilidad de conservar un mayor nivel de protección;

  • El Grupo de los Países ACP –África-Caribe-Pacífico (56 miembros en la OMC: Sudáfrica, Angola, Antigua y Barbuda, las Barbados, Belice, Benín, Botsuana, Burkina Faso, Burundi, el Camerún, el África Central, el Chad, el Congo, Costa de Marfil, Cuba, RD Congo, Yibuti, Dominica, las Fiyis, Gabón, Gambia, Ghana, Granada, Guinea, Guinea-Bissau, Guyana, Haití, Jamaica, Kenia, Lesoto, Madagascar, Malaui, Malí, Mauritania, Isla Mauricio, Mozambique, Namibia, Níger, Nigeria, Uganda, Papuasia Nueva Guinea, la República Dominicana, Ruanda, St Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vincent y Granadinas, Senegal, Sierra Leona, Islas Solomon, Surinam, Suazilandia, Tanzania, Togo, Trinidad y Tobago, Zambia, Zimbabue). Reúne a antiguas colonias que desean poder conservar un acceso preferente al mercado europeo, oponiéndose así a ciertas posiciones del G20;

  • El G90: Estructura más informal que reúne a los ACP, así como los países de la Unión Africana y los PMA.

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Cómo funciona el AGCS

Los servicios cubren una amplia gama de actividades económicas muy diversas, que representan temas, instituciones e intereses también muy diversas. La conclusión del AGCS (GATS en inglés, ver OMC), por el que entraron los intercambios de servicios en el marco multilateral de las reglas comerciales, es uno de los resultados más significativos de la Ronda de Uruguay. El AGCS ofrece a los intercambios de servicios objetivos semejantes, en lo esencial, a los del GATT para los intercambios de mercancías que garantiza desde hace 55 años gracias a la aplicación de reglas mutuamente aceptadas y a compromisos apremiantes en lo que se refiere al acceso a los mercados y a la no discriminación. No obstante, la liberalización del comercio de los servicios plantea problemas muy diferentes de la de los intercambios de mercancías, dadas las características de los servicios y los marcos reglamentarios muy desarrollados existentes en un buen número de sectores de servicios.

Este acuerdo marco recupera varios de los principios fundamentales del GATT –trato nacional, trato de la nación más favorecida (NPF), transparencia de las reglamentaciones internas, aplicación equitativa de las leyes–, el AGCS cubre, en principio, el comercio internacional de todos los servicios a excepción de los servicios prestados en el ejercicio del poder gubernamental y, en el sector de los transportes aéreos, de los derechos de tráfico y de todos los servicios directamente ligados al ejercicio de estos derechos. Comprende tres principales elementos: un marco que define las obligaciones generales relativas al comercio de los servicios, más o menos como lo hace el GATT para los intercambios de mercancías; varios anexos relativos a sectores particulares; y las listas de compromisos presentadas por los miembros de la OMC.

La lista de la OMC contiene 12 sectores y 163 subsectores. Debido a su estructura y a su concepción voluntaria y ‘ascendente’ de la liberalización, el AGCS permite que los miembros de la OMC elijan los sectores, los modos de suministro (comercio transfronterizo, movimiento de consumidores, presencia comercial y movimiento de proveedores) y las condiciones reglamentarias en las cuales se contraen los compromisos de liberalización, incluso no contraer ningún compromiso excluyendo sectores completos de sus listas. De hecho, el AGCS permite a los países miembros abrir progresivamente sus mercados de servicios e integrarse en el sistema comercial multilateral a su propio ritmo y de conformidad con sus prioridades y objetivos nacionales. Para ello prevé una serie de medios gracias a los cuales los países pueden limitar, condicionar o incluso suspender los compromisos que ya hayan contraído.

El AGCS ofrece las siguientes opciones a un país miembro de la OMC que desee excluir algún sector de servicios de los compromisos contraídos por el AGCS, limitar el alcance de estos compromisos o tomar una medida que tenga como efecto infringirlos, o retirarse totalmente del sistema comercial multilateral:

  • Puede simplemente negarse a contraer el menor compromiso. No hay nada en el AGCS que obligue a los países miembros a liberalizar un sector determinado, y un país podría decidir indefinidamente excluir algún sector de los compromisos que haya tomado. En este sentido, el campo de servicios cubiertos por el AGCS es mucho menos completo que el de las mercancías contempladas por el GATT. Si bien la mayor parte de los miembros de la OMC han consolidado la totalidad o la casi totalidad de sus tarifas aduaneras sobre los productos, hasta la fecha muchos de ellos no han contraído ningún compromiso relativo a un gran número de sus sectores de servicios.

  • El país es libre de precisar sus compromisos con respecto a cualquier sector o subsector. Para cada uno de los cuatro modos de suministro de los servicios contemplados por el AGCS, un miembro de la OMC puede ya sea precisar que no ha contraído ningún compromiso en el sector considerado, o presentar una reserva más precisa. Asimismo, puede contraer un compromiso que se sitúe al exterior del statu quo reglamentario o comprometerse a una liberalización futura, lo cual permite a los proveedores presentes prepararse en previsión de las nuevas condiciones del mercado y de los regímenes reglamentarios necesarios que se establezcan.

  • El país puede aplicar limitaciones ‘horizontales’ a todos los servicios, es decir limitaciones aplicables a todos los sectores.

  • Un país puede invocar las disposiciones del artículo XII del AGCS (Restricciones destinadas a proteger el equilibrio de la balanza de pagos) para suspender un compromiso si constata que tiene efectos perjudiciales sobre su balanza de pagos.

  • Un país puede invocar las diversas excepciones generales previstas en el artículo XIV del AGCS (Excepciones generales) para justificar reglamentaciones existentes o para adoptar nuevas, a fin de responder a preocupaciones legítimas de política nacional.

  • Un país puede, por último, retirarse totalmente del AGCS y de la OMC aunque conviene recordar a este respecto que, hasta la fecha, ningún miembro de la OMC ha actuado así y que los países han manifestado más propensión a adherirse a la organización que a salirse de ella.

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El AGCS y la apertura de los mercados de servicios

El AGCS tiene un programa in¬corporado que requiere que los Miembros entren en rondas de ne¬gociación sucesivas con el objeto de sobrellevar una liberalización progresiva, y la primera ronda tenía el mandato de comenzar en el 2000. En marzo de 2001 los Miembros adoptaron modalidades de negociación para el comercio de servicios a las que se referían como las ‘Directrices y Procedi¬mientos de Negociación’, y que plantean al modelo “solicitud y oferta” como el método principal de ne¬gociación para nuevos ‘compro¬misos específicos’ sobre acceso a los mercados, trato nacional, y compromisos adicionales. Las Di¬rectrices también requerían a los Miembros continuar las negocia¬ciones sobre ‘temas pendientes’, como por ejemplo el estableci¬miento de un mecanismo de sal¬vaguardia urgente para servicios, posibles disciplinas sobre regla¬mentación nacional, y disciplinas sobre contratación pública y sub¬venciones.

La Declaración Ministerial de Doha se refirió subsecuentemente a es¬tas Directrices como “la base para continuar las negociaciones” con la perspectiva de alcanzar los ob¬jetivos del AGCS. Entre los objeti¬vos relevantes para este mandato se incluyen el establecer un mar¬co de principios y reglamentación para el comercio de servicios, el lograr niveles progresivamente más elevados de liberalización y el facilitar una mayor participación de países en desarrollo en el co¬mercio de servicios y el aumento de sus exportaciones de servicios. En cuanto al último objetivo, el AGCS específicamente establece deberán liberalizarse el acceso a los sectores y los diferentes modos de suministro de interés exportador, para los países en desarrollo.

Para buscar niveles progresivamente más elevados de liberalización del co¬mercio de servicios, las negociaciones tienen que ser encaminadas hacia la reducción o eliminación de medidas que impiden el acceso efectivo a los mer¬cados (como por ejemplo las condiciones para el asentamiento de la presencia comercial, restricciones al ingreso de trabajadores extranjeros) y discriminan a los proveedores extranjeros de servicios (como por ejemplo la prohibición de la tenencia de tierras por parte de extranjeros), y así hacer en general más difícil a los proveedores extranjeros de servicios desarrollar su negocio.

El AGCS reconoce que se tiene que llevar adelante el proceso de liberalización respetando los objetivos de política nacionales y el nivel de desarrollo de los Miembros, tanto en general como en los distintos sectores. Por lo tanto, el Acuerdo indica que deberá existir una flexibilidad adecuada para los Miembros individuales de países en desarrollo en cuanto a: la apertura de menos secto¬res, la liberalización de menos tipos de transacciones, la ampliación progresi¬va de acceso a los mercados de acuerdo con su situación de desarrollo, abrir el acceso a sus mercados a proveedores extranjeros de servicios, condicionar el acceso a sus mercados de acuerdo a lo que les permitiría fortalecer su ca¬pacidad nacional de servicios y su eficiencia, y competitividad para soportar las consecuencias del ingreso de proveedores extranjeros de servicios.

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Las negociaciones sobre el comercio de servicios desde Cancún

Desde la Conferencia Ministerial de la OMC de Cancún, las negociaciones sobre los servicios en la Ronda de Doha se han centrado casi exclusivamente en el acceso a los mercados, y más específicamente en la presentación bilateral de solicitudes y ofertas, que sigue avanzando independientemente de los altibajos políticos de la Serie de negociaciones. Las negociaciones funcionan según un mecanismo de peticiones y ofertas bilaterales entre los diversos países miembros. Pero a finales de septiembre, sólo un centenar de países habían presentado una oferta inicial y unos cincuenta, una oferta revisada. Los servicios representan el 71% del comercio de los PD, por oposición al 45% para los países del Sur. Incluso la Unión Europea totaliza el 80% del comercio mundial de los servicios. Por ello desea que, de los 163 subsectores de servicios inscritos en la OMC, los PD abran más 139 subsectores y los PED, 93. La treintena de PMA miembros de la OMC no tienen que presentar oferta.

El desarrollo reciente más significativo – y controversial – en la ronda de negocia¬ciones sobre servicios en Doha ha sido el enérgico impulso de algunos Miembros de la OMC para establecer compromisos mínimos obligatorios sobre acceso a los mercados (puntos de referencia o “benchmarks”). Estas iniciativas se basan en la perspectiva de que tanto los compromisos iniciales, como aquellos revisados ofrecidos hasta la fecha dejan mucho que desear, y que el modo existente de negociación bilateral basado en la “solicitud y oferta”, no es suficiente para ob¬tener la profundidad y el alcance deseados por los Miembros en los compromisos de liberalización.

En efecto, si bien la presentación de ofertas y peticiones ha avanzado lentamente, no ha habido ningún progreso en las discusiones paralelas sobre las cuestiones llamadas ‘horizontales’ y las que se refieren a las ‘reglas del AGCS’. Las cuestiones llamadas ‘horizontales’ comprenden, entre otras, la evaluación de la liberalización de los servicios, las disciplinas sobre las reglamentaciones internas, el crédito para la liberalización autónoma, el trato especial y diferente para los PMA y la clasificación de los subsectores de los servicios. Las cuestiones relativas a las reglas del AGCS incluyen las negociaciones sobre un mecanismo de salvaguardia urgente (MSU), disciplinas para las subvenciones sobre los servicios y el otorgamiento de los mercados públicos. Los dos conjuntos de cuestiones presentan un interés particular para los PED y para las autoridades reglamentarias nacionales.

La nueva fase de negociaciones que se inaugura en Hong Kong debe abordar las cuestiones horizontales y las que conciernan a las reglas del AGCS, paralelamente a las que se refieran al acceso a los mercados. Se han presentado diversas propuestas sobre los asuntos ligados a las reglas del AGCS, tanto por parte de los PD como de los PED, pero las divergencias son aún profundas y numerosas cuestiones técnicas permanecen sin respuesta. Esto representa una fuente de preocupación, sobre todo para los PED, que ven pocas ventajas potenciales en las negociaciones actuales sobre los servicios si no se tienen en cuenta simultáneamente otras cuestiones de acceso a los mercados. La ausencia de resultados concretos a escala multilateral ha dado lugar a varios nuevos tratados comerciales bilaterales que han incorporado normas AGCS-más, y en algunos casos AGCS-menos, poniendo así en tela de juicio la integridad del marco del AGCS, como lo muestra el Informe del presidente al Comité de Negociaciones Comerciales y el Director general de la OMC.

Mientas que la Ronda de Doha ha perdido velocidad desde Cancún, la tendencia hacia acuerdos regionales y bilaterales va ganando en popularidad. La mayor parte de estos acuerdos regionales contienen disposiciones relativas a los servicios. La mayoría de las obligaciones que se derivan de servicios en estos acuerdos regionales de la nueva generación son del tipo AGCS-más, por ejemplo las listas negativas de compromisos de liberalización. Sin embargo, algunas de ellas tienen reglas AGCS-menos cuyo alcance es menor que las obligaciones derivadas del AGCS, en particular definiciones limitadas de los tipos 2 y 4, segmentos para las subvenciones en los servicios, la separación de algunos servicios de los 12 sectores contemplados por el AGCS (esto es, la creación de capítulos especiales sobre el comercio electrónico), y exenciones más amplias en materia de seguridad. Con la proliferación de acuerdos comerciales regionales con disposiciones sobre los servicios, el AGCS podría, al final, resultar no pertinente. Además, unas reglas de tipo AGCS-menos podrían situar estos acuerdos en contradicción con el derecho de la OMC.

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La Convención de la UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales y las negociaciones sobre los servicios en Hong Kong

Con la perspectiva de aportar un apoyo a los países francófonos en sus esfuerzos de preparación y de participación en la 6ª Conferencia Ministerial de la OMC, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF) ha creado un programa de acciones que incluyen, entre otras: talleres temáticos sobre las negociaciones comerciales; un Foro Electrónico dedicado a las negociaciones comerciales; una Formación en videoconferenccia sobre la Ronda de Doha. Los talleres temáticos dedicados a temas prioritarios de las negociaciones comerciales, permitieron que los representantes de las Delegaciones de países francófonos destinados en Ginebra intercambiasen con expertos confirmados de la negociación sobre los temas prioritarios en la negociación. Fue así como el Sr. Pierre Sauvé, investigador asociado en la London School of Economics and Political Science, y experto en comercio internacional y en negociaciones comerciales en el sector de los servicios, conversó, el pasado día 24 de octubre, con participantes en el Foro Electrónico Francófono de Discusión dedicado a las negociaciones comerciales iniciadas en el marco de la Ronda de Doha sobre el tema ‘el comercio de los servicios’.

  • A la pregunta consistente en saber de qué manera la Convención de la UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales adoptado el pasado día 20 de octubre podía influir en las negociaciones sobre los servicios, Sr. Sauvé indicó que este Convención es poco susceptible de tener una gran incidencia, de inmediato, sobre las conversaciones AGCS en curso, y ello por dos razones: la primera es que la Convención debe ser ratificada e implementada por los países miembros de la UNESCO, y esto tardará algún tiempo, que no forzosamente estará sincronizado con la Ronda de Doha; en segundo lugar, porque los países miembros de la OMC tienen total libertad para suscribir o no compromisos en dicho sector (como en todos los demás) y que muy pocos de ellos han manifestado hasta ahora un deseo de enriquecer o modificar sus ofertas (limitadas) en materia de liberalización en este sector. Según Sr. Sauvé, el simbolismo de la Convención, y la voluntad que encarna de dejar a sus signatarios mayores espacios de apoyo público a la producción cultural es muy importante. Un interlocutor considera también que los países francófonos acaban de lograr un importante triunfo con la adopción de este Convención, y que en las negociaciones a la OMC, habrá que evitar caer en la trampa de proponer y/o responder favorablemente a las solicitudes presentadas en este subsector pues, recuerda Sr. Sauvé, un pías miembro de la OMC goza de una total flexibilidad en la determinación de los sectores en los cuales desea suscribir (o no) compromisos de liberalización, así como restricciones que pretende mantener en estos sectores al finalizar estos compromisos.

  • ¿Son las negociaciones sobre los servicios susceptibles de minar las obligaciones universales de los gobiernos en materia de servicios públicos y su capacidad para regular? ¿Y comprometen la diversidad cultural? A este respecto, Sr. Sauvé destaca que el derecho de los Estados a regular sus actividades de servicios es primordial y está reconocido en el preámbulo del AGCS, así como en un buen número de artículos del acuerdo. El AGCS no pone para nada en tela de juicio este derecho, y el acuerdo otorga a los países miembros el derecho a someter a los operadores extranjeros a todas las obligaciones reglamentarias internas previstas en las legislaciones nacionales, incluidas aquéllas de índole discriminatoria en los sectores sujetos a compromisos específicos. Esto se refiere, en particular, a las obligaciones de servicio público y de universalidad, que el AGCS no pone en absoluto en tela de juicio. Los servicios públicos –educación, salud, servicios postales– quedan excluidos del campo de competencia del AGCS, ya que son suministrados sobre una base no comercial y no entran directamente en competencia con prestatarios privados equivalentes. Esto no es óbice para que los miembros de la OMC contraigan, si así lo desean, compromisos de liberalización si desean abrir estos sectores a la competencia (lo cual muy pocos han hecho hasta la fecha). Resulta útil recordar que, en este sentido, no se ha presentado ninguna propuesta de liberalización en materia de servicios de salud en curso en la Ronda de Doha, y que tan sólo un puñado de países, sobre todo desarrollados, militan a favor de una apertura (parcial y limitada, y que no afecta la cuestión de las subvenciones) de los servicios de enseñanza postsecundaria. Si bien estos sectores no son competitivos, se consideran como excluidos por el acuerdo. Asimismo, sobre el asunto de la diversidad cultural, corresponde a cada uno de los países miembros decidir si desea o no contraer compromisos de liberalización en materia de servicios audiovisuales (lo cual muy pocos han hecho hasta ahora). Los miembros de la OMC muy bien pueden permaneces fuera de este sector y no contraer compromisos, como es el caso con Canadá, por ejemplo, si consideran que tales compromisos pueden comprometer su libertad de acción en materia de política de apoyo a los creadores. Recuerda, entre otras cosas, que el AGCS no impone a los Estados que liberalicen,, llevándose a cabo este proceso con arreglo a intereses bien comprendidos y evaluados de cada Estado. En realidad, el AGCS cuenta con una arquitectura con tres o cuatro pilares: (1) nada obliga a un Estado a comprometerse; (2) un país miembro puede abrir un solo sector si este es su deseo; (3) la apertura puede ser gradual y progresiva; y (4) sobre todo, el país puede inscribir condiciones en sus compromisos.

  • ¿Se puede abordar la cuestión de los servicios culturales (enseñanza y formación, incluso a través de Internet) en el marco de las negociaciones de los servicios en la OMC? Para el Sr. Sauvé, los miembros de la OMC tienen libertad total para abordar, si lo desean, y de la forma en que quieran, esta cuestión, incluso en lo que se refiere a los servicios brindados sobre una base transfronteriza, por vía electrónica. No obstante, destaca que, hasta la fecha, es una pequeña minoría (apenas el 10% de los miembros) han contraído compromisos de liberalización en este sector, considerado por muchos como altamente sensible, y que la mayoría de los compromisos suscritos se refieren más bien a la presencia comercial que al comercio a distancia, vía Internet. Esta reticencia en abordar el tema en la OMC se basa, en parte, en el hecho de que el comercio electrónico de los servicios audiovisuales estaba muy poco desarrollado en el momento de concluirse la Ronda Uruguay, en 1994. Hasta ahora en la Ronda de Doha, son pocos los países que han manifestado su deseo de revisar esta cuestión de forma significativa; también son escasos los que pidieron que se liberalizase más por esta vía.

  • ¿Cuál es el proceso de la Unión Europea en la liberalización de los servicios en el seno de la OMC o en el marco de acuerdos bilaterales, y cuáles son sus prioridades? Sr. Sauvé afirma que la Unión Europea es, sin duda alguna, uno de los principales actores de la negociacion en la OMC en el sector de los servicios, puesto que englobe a un gran número de países que son los primeros exportadores de servicios en el mundo. Por ello, las peticiones de la UE a favor de una mayor apertura de los mercados de servicios relativos a la mayor parte de los sectores cubiertos por el AGCS (a excepción de aquéllos a los que ella misma considera como sensibles, tales como los servicios audiovisuales, la educacion o la salud). Además, estas solicitudes fueron dirigidas a un gran número de los miembros de la OMC, en diversos niveles de desarrollo.

Para concluir, Sr. Sauvé emitió recomendaciones a los negociadores de los PED francófonos en lo que se refiere a las negociaciones a la Conferencia Ministerial en Hong Kong: “Prudencia, firmeza y enfoque global del problema: he aquí, en mi opinión, cuáles son las palabras claves que guíen a los PED en el momento en que se aproxima la reunión ministerial en Hong Kong. “Prudencia, pues la apertura de los mercados de servicios no puede hacerse sin un refuerzo significativo de la capacidad para regular y de la capacidad para responder a las nuevas oportunidades de acceso al mercado que pueda derivarse de la negociación al finalizar la Ronda de Doha. Esto requiere tiempo y, por lo tanto, debe traducirse con compromisos por categoría progresivos. Firmeza a la vez con respecto a los grandes arbitrajes derivados de la Ronda en su conjunto, y a la necesidad imperiosa de satisfacer las expectativas de una ronda centrada de forma prioritaria en el desarrollo; esto requiere que los temas prioritarios para los PED sean tratados como tales, tanto en lo relativo a las discusiones sobre los servicios como en otro momento en las negociaciones. Visión global, por último, pues todos los miembros de la OMC, sin que se tengan en cuenta sus niveles de desarrollo, tienen intereses ofensivos en defender en los servicios. Estos intereses recubren una gama cada vez más amplia de actividades. Esta es la razón por la que tienen interés a entrever una apertura progresiva de los sectores claves ligados a las infraestructuras –telecom, finanzas, transporte, servicios profesionales, y que tienen incidencias importantes sobre su comercio de las mercancías y agrícolas, y pueden ejercer una influencia determinante en su crecimiento y su competitividad a largo plazo”.

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De la importancia para los países de abstenerse de contraer cualquier compromiso de liberalización del sector cultural en las negociaciones comerciales en el marco del AGCS

Conviene recordar que los elementos decisivos de estas negociaciones comerciales sobre el sector cultural son importantes. Se suele admitir que “los acuerdos comerciales ejercen una presión cada vez mayor sobre los países para que renuncien a su derecho a adoptar políticas culturales a fin de cerciorarse de que podamos tener acceso a nuestra propia cultura, así como a la cultura de otros países”. Y ésta es la razón por la que la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales, adoptada por la Conferencia General de la UNESCO el 20 de octubre pasado, es tan importante, ya que consagra en el derecho internacional el carácter distintivo de los bienes y servicios culturales en tanto que medios de transmisión de valores, identidades y significados que transcienden su valor comercial.

De hecho, el Comité de Enlace Internacional de las Coaliciones para la Diversidad Cultural –que agrupa 31 coaliciones en otros tantos países–, así como la Unión Europea, la Organización Internacional de la Francofonía y los otros Espacios lingüísticos (de habla portuguesa, hispana y árabe), siempre recordaron a los países la importancia, a todo lo largo del período que cubren la negociación, la adopción y la ratificación de esta Convención, que debían abstenerse de contraer cualquier compromiso de liberalización del sector cultural en las negociaciones comerciales que limitasen la aplicación de la Convención. Asimismo, varios gobiernos, entre ellos los de Canadá y de Québec, decidieron no asumir compromisos de liberalización y recurrir a las reservas necesarias para preservar sus políticas, cada vez que ciertas cuestiones en particular, aquéllas relativas a los bienes, servicios, inversiones, normas de competencia y propiedad intelectual, pudieran tener una incidencia sobre su capacidad para adoptar medidas de apoyo a la cultura

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