Diversidad cultural

Politicas y medidas culturales – Buenas prácticas

De la Cultura en América – 2006/11

Las ediciones Gallimard acaban de publicar la obra de Frédéric Martel titulada: De la cultura en América , que, según las críticas, anuncia un tema que creemos conocer: “La cultura estadounidense es Hollywood, la música rock, el teatro de Broadway, la industria de la diversión”. Es un modelo dominante, que se consume, se admira o se rechaza. Para el autor, Frédéric Martel, sociólogo y antiguo agregado cultural en la embajada de Francia en Boston, es una falsa apariencia.

Fruto de numerosas encuestas llevadas a cabo desde Nueva York hasta California, de Michigan a Texas, y de entrevistas con centenares de responsables del sector, la obra ofrece una imagen del funcionamiento de las fundaciones culturales que pululan en Estados Unidos, sin olvidar las universidades; al mismo tiempo, relata a grandes rasgos la historia del desarrollo cultural de este país desde Jefferson hasta G. W. Bush y muestra cómo las elites políticas han terminado apoyando al mundo de las artes, aun sin apreciarlas siempre.

El autor muestra así los engranajes de la cultura estadounidense, sus estructuras y su financiamiento: quién provee el dinero, cuánto, cómo y con qué efectos. Este sistema, ampliamente ignorado en Europa, recalca Le Monde, se apoya en la filantropía erigida en deber –desde la donación de 10 dólares hasta la de varios millones–, en fundaciones cuyo presupuesto cultural es a veces tan importante como el de algunos países europeos, en grandes exenciones fiscales, pero también en una lista considerable de ayudas públicas y una red universitaria particularmente densa. Todo esto no representa una política cultural sino un ‘sistema cultural’ que el autor desglosa punto por punto. Así, subraya que en Estados Unidos, “el dinero público riega a la cultura", pero de forma discreta y conforme a un sistema muy complejo del cual el National Endowment for the Arts (NEA), organismo federal creado en 1965, constituye el pilar. El presupuesto de 2006 de NEA es de 125 millones de dólares, una suma ridículamente baja, subraya el autor, pero lo esencial está en otra parte: “El NEA no es un ministerio de cultura sino una agencia, que más bien desempeña un papel de detonador. Es el árbol que disimula el enorme bosque de las ayudas públicas, pues son cerca de 200 ministerios, agencias y organismos que financian la cultura a nivel federal. Lo mismo sucede a escala de cada uno de los cincuenta Estados, de las ciudades y los condados, incluso de los barrios. También existen ayudas indirectas, como la transferencia de tasas al sector de las artes (patentes de automóviles en Tennessee, loterías en Massachusetts) o bonos municipales para la construcción de lugares culturales (803 millones de dólares tan sólo en la ciudad de Nueva York durante el periodo 2006-2009). Por último, cabe agregar a esto un sistema fiscal que permite a las empresas y a los individuos sustraer sus donaciones de sus impuestos”. Observa que, en gran parte, “la política cultural estadounidense es una política fiscal”.

El dinero público invertido en la cultura oscila entre 26 y 50 mil millones de dólares al año, estima el autor, quien agrega: “ El presupuesto cultural público por habitante, en Estados Unidos, es igual, e incluso superior al de Francia”. Aún más, “en cuanto a dinero privado, Estados Unidos es insuperable. En primer lugar, hay una cultura de la donación individual: 13,5 mil millones de dólares cada año –grosso modo cuatro veces el presupuesto del ministerio de cultura en Francia. A esta cifra hay que añadir algunos miles de millones producidos por las grandes fundaciones (Carnegie, Rockefeller, Ford)”, sin olvidar las 4.000 universidades, cuya acción cultural, prácticamente desconocida y que albergan 700 museos, 2.300 Performing Art Centers, 110 editoriales, 3.500 bibliotecas, 65 de las cuales poseen más de 2,5 millones de volúmenes. Por otra parte, éstas son el mayor empleador de los dos millones de artistas censados por el Ministerio de Trabajo en Estados Unidos. El autor concluye diciendo que ningún otro país del mundo hace tanto por la cultura; pero si bien es cierto que el modelo estadounidense no es exportable, su extraordinaria flexibilidad le da una gran ventaja en el mundo actual, en plena mutación, y que, en todo caso, hay que dejar de subestimarlo.

  • De la cultura en América , de Frédéric Martel Gallimard, 640 p.

Síntesis:

Diversidad cultural - Politicas y medidas culturales – Buenas prácticas - De la Cultura en América – 2006/11