Diversidad cultural

La Convención en unas pocas palabras

El 20 de octubre de 2005, la UNESCO adoptó formalmente la Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales. El 10 de noviembre siguiente, Québec fue el primer gobierno del mundo en aprobar la Convención, que entró en vigor el 18 de marzo de 2007.

La Convención fue negociada principalmente para responder a las necesidades de los Estados que, a la vez que liberalizaban sus mercados, deseaban conservar el derecho de los Estados y gobiernos a mantener, desarrollar e implantar políticas de apoyo a la cultura y a la diversidad de las expresiones culturales.

Por lo tanto, fue en un contexto en que imperaba el debate entre la cultura y el comercio cuando nació la Convención. Por cierto, no sorprende que, en el preámbulo de la Convención, se materializase esta motivación:

“Persuadida de que las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si sólo tuviesen un valor comercial”

Hasta la fecha, 135 Partes (134 Estados y la Unión Europea, en su calidad de organización de integración económica regional) han ratificado este tratado. Desde entonces, Québec continúa multiplicando los apoyos a favor de la Convención y su ratificación por el mayor número posible de Estados, y participa activamente en los trabajos de implantación de la Convención.

Desde que entró en vigor la Convención, los Estados miembros han iniciado diversos trabajos. Entre estos, cabe mencionar el análisis de los informes periódicos cuatrienales presentados por 71 Partes en 2012, 2013 y 2014, y la adopción de doce directrices operacionales.

Los trabajos han permitido también la creación de una base de datos sobre el Artículo 21, que incita a promover los objetivos y principios de la Convención en otros ámbitos internacionales. Asimismo, constituye un lugar para compartir, permitiendo catalogar los documentos en los cuales se menciona la Convención e identificar los foros internacionales donde se invoca.

Hay otros varios trabajos en curso, entre los que figuran el impacto de las tecnologías digitales sobre la implantación de la Convención, así como la evaluación de la implicación de la sociedad civil en la aplicación de la misma.