Diversidad cultural

Entrevista con el Señor Ivan Bernier

Ivan Bernier.

Catedrático Emérito de la Facultad de Derecho de l’Université Laval, en la Ciudad de Québec (Canadá)

Apodado cariñosamente “el padre de la Convención”, el Señor Bernier tiene una trayectoria eminente, fuera de lo común e inspirante. No sólo destaca por su implicación universitaria en investigación y enseñanza, sus numerosas publicaciones –tiene en su haber varios libros y más de cincuenta publicaciones- sino también por las funciones que desempeñó. 

Vanguardista, el Señor Bernier fue el primero en impartir la asignatura del Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (de la Organización Mundial del Comercio (OMC)) en una universidad canadiense. Durante todo su recorrido profesional, su afán fue preservar la cultura quebequense a escala nacional e internacional, y ello mucho antes de que la cuestión de la diversidad cultural llegase a ser un tema de actualidad. 

Titular de un doctorado en Derecho (Ph.D.), con una especialización en Derecho Internacional Económico por la London School of Economics (1969), ostentó diversos cargos durante de su prolífica carrera:

  • de 1981 a 1985, fue Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Laval;
  • de 1986 a 1993, fue Director General del Centro Quebequense de Relaciones Internacionales;
  • Actuó en calidad de árbitro en el marco del Tratado de Libre Comercio entre  Canadá y Estados Unidos y figura en la lista indicativa de personas llamadas a formar parte de grupos especiales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de la Organización Mundial del Comercio;
  • de 1998 a 2004, fue miembro del grupo de consulta sectorial sobre las industrias culturales, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo de Canadá;
  • en 1999, la Universidad McGill, en Montreal, le otorgó un Doctorado Honorífico en Derecho;
  • trabajó en calidad de asesor experto para el Ministerio del Patrimonio Canadiense, el ministère de la Culture et des Communications du Québec, el Grupo de Trabajo sobre la Diversidad Cultural y la Mundialización, la Red Internacional sobre la Política Cultural, así como el Grupo Franco-quebequense sobre la Diversidad Cultural;
  • en noviembre de 2003, fue invitado por el Director General de la UNESCO a formar parte de un grupo de expertos independientes con miras a la elaboración de un anteproyecto de Convención Internacional sobre la Protección de la Diversidad de los Contenidos Culturales y las Expresiones Artísticas;
  • de 2003 a 2011, estuvo implicado, en calidad de miembro del Comité Interministerial sobre la Diversidad Cultural implantado por Québec, en todas las etapas de la aplicación de la Convención;
  • en 2011, recibió el grado de Oficial de la Orden de la Pléyade por su contribución al fortalecimiento de la Francofonía;
  • en 2012, fue galardonado con el Premio de Honor de la Sociedad de Relaciones Internacionales de Québec por el conjunto de su carrera en el área de las relaciones internacionales.

El Sr. Bernier nunca ha dejado de ser activo en estos últimos años, redactando numerosos textos universitarios1, y actuando como consultor. Sigue siendo uno de los pilares de la Red Internacional  de Juristas para la Diversidad de las Expresiones Culturales2.

El equipo de la Secretaría de la Diversidad Cultural de Québec ha tenido el privilegio de conversar con esta figura inspirante.

Pregunta: Ahora que nos disponemos a celebrar el décimo aniversario de la adopción de la Convención, hablemos un poco del historial de la Convención. ¿Puede usted describirnos brevemente algunas de las acciones que fueron determinantes y los momentos que considera como claves en la vía que llevó a su adopción?

Respuesta: Para que un número importante de Estados aceptasen comprometerse en la negociación de un instrumento internacional sobre la diversidad cultural, era preciso que dicho instrumento respondiera a una necesidad claramente identificada. Fue en el contexto de la globalización como comenzó a manifestarse la necesidad de tal instrumento. En efecto, hay que comprender que si la globalización es antes que nada un proceso económico, es también, en sus efectos, un proceso cultural. Ahora bien, desde el fin de la Primera Guerra Mundial, se han venido acumulando numerosos indicios que tienden a demostrar que estos dos procesos no evolucionaban en armonía y que tal vez la globalización se realizaba en detrimento de la diversidad cultural.

Las etapas clave

El debate político sobre la interfaz entre comercio y cultura nació en los años 1920, cuando varios países europeos decidieron imponer contingentes en la pantalla a fin de proteger su industria cinematográfica contra la invasión de películas estadounidenses consideradas como una amenaza para su cultura. Reapareció después de la Segunda Guerra Mundial durante negociaciones del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), cuando se consideró que la cuestión era lo suficientemente importante para justificar una disposición que reconociera la especificidad cultural del cine. Fue aumentando más adelante, alimentado por un número cada vez mayor de discrepancias comerciales relativas a los bienes y servicios culturales y numerosos artículos y conferencias que trataban de la interfaz entre comercio y cultura.  

Se atravesó una nueva etapa hacia mediados de los años 1980 cuando Canadá obtuvo, en el marco de sus negociaciones de libre cambio con los Estados Unidos, la inserción de una cláusula de exención cultural. Una cláusula idéntica se insertaría más tarde en el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLCNA) que, además de Canadá y Estados Unidos, incluía a México. Se pidió otra exención cultural en el marco del GATT, durante la fase final de la ronda de Uruguay en 1993, pero fue abandonada pura y simplemente en los últimos días de la negociación. En 1998, con motivo de la negociación del Acuerdo Multilateral sobre Inversión (AMI), Francia pidió que se integrase una cláusula de excepción cultural en el acuerdo, pero dicha petición fue también rechazada.

Otro hito importante fue el asunto de las publicaciones periódicas3, cuando el Órgano de Solución de las Discrepancias de la OMC le dijo a Canadá, en 1997, que las consideraciones culturales no podían tener prelación sobre las obligaciones que se encuentran en la OMC. Aquello fue el colofón para Canadá. Aquello, junto con los problemas planteados por las negociaciones comerciales de Seattle, en 1999, cuando numerosos Estados, incluyendo los países en desarrollo y organizaciones de la sociedad civil, intervinieron para decir que estaban hartos de las negociaciones hechas a hurtadillas, tuvo como consecuencia un serio cuestionamiento sobre las repercusiones de la globalización. La sociedad civil manifestó claramente su desacuerdo y logró demostrar que era capaz de bloquear negociaciones.

Llegaron los años 2000 y la evidencia de que era imposible obtener una cláusula de excepción cultural en los tratados comerciales multilaterales y, por tanto, era necesario lanzar negociaciones para un nuevo instrumento jurídico internacional sobre la diversidad cultural. Algunos Estados y gobiernos, y más particularmente Francia, Canadá y Québec, se expresaron claramente sobre este tema. Simultáneamente, unas organizaciones internacionales como el Consejo de Europa, en diciembre de 2000, la Francofonía, en junio de 2001, y por último, la UNESCO en noviembre de 2001 adoptaron declaraciones sobre la diversidad cultural. Luego, en 2002, la Red Internacional sobre Política Cultural (RIPC) expuso un primer proyecto de convención sobre la diversidad de las expresiones culturales. En 2003, por fin, una solicitud formal de inscripción en el orden del día de la Conferencia General de la UNESCO fue transmitida al Consejo Ejecutivo de la Organización.

La negociación y el paso decisivo a la Convención

Me encontraba en París durante la reunión del Consejo Ejecutivo de la UNESCO en el momento en que hubo una votación decisiva para que se inscribiera en el orden del día de la Conferencia General un punto que versaba sobre la oportunidad de elaborar un instrumento normativo internacional relativo a la diversidad cultural. Fue un momento de gran intensidad. Los Estados, en su mayoría, se pronunciaron favorablemente para que se agregase este punto, pese a la resistencia de Estados Unidos y de algunos otros Estados. Cuando se planteó esta cuestión a la Conferencia General de la UNESCO, en octubre de 2003, ésta confió finalmente al Director General el mandato de presentar, en su próxima sesión (octubre de 2005) un informe preliminar acompañado de un anteproyecto de convención sobre la diversidad de las expresiones culturales. Y aquí comenzó la negociación propiamente dicha. El Director General empezó creando un comité de expertos independientes, del cual formé parte, a fin de redactar un anteproyecto de convención, primera etapa de un proceso que conduciría más adelante a la negociación por los Estados miembros de la UNESCO.

Dicha negociación dio lugar a un periodo intensivo de intercambios entre representantes gubernamentales durante 3 sesiones de trabajo celebradas en París. En un principio, se pidió a los Estados que comunicasen su concepción sobre el tipo de convención que debería salir a la luz. Hubo una gran cantidad de observaciones y preocupaciones. Para que progresasen los trabajos, se decidió que el anteproyecto de los expertos independientes sirviese de base para la negociación.  Por lo tanto, los negociadores volvieron a examinar, en cada artículo, las disposiciones de dicho texto, reestructurándolas en función de los debates. ¡Fue una batalla campal! Entre los retos de negociación, cabe mencionar: el objeto propio de la Convención, la relación de la Convención con los demás tratados internacionales y el carácter vinculante de la Convención. Una de las figuras importantes que permitió que avanzaran los trabajos fue el Profesor Kader Asmal, Presidente de las sesiones de negociaciones intergubernamentales. Gracias a su pragmatismo y su atenta escucha durante los debates, supo esclarecer los desacuerdos que subsistían. Gracias a él, desaparecieron las frases que permanecían entre corchetes. Finalmente, desembocamos en el texto de la Convención que fue adoptado por la Conferencia General de la UNESCO en octubre de 2005. Ya estaba lanzada la campaña de ratificación. Fue el 30 de marzo cuando se alcanzó el mínimo de las treinta firmas necesarias para que entrase en vigor, y ello en un tiempo récord.

Pregunta: La Convención es un instrumento jurídico vinculante que crea derechos y obligaciones para los Estados Partes. Ante la proliferación de tratados comerciales bilaterales y regionales, ¿cree usted que los Estados Partes en la Convención sacan suficientemente provecho de la misma durante la negociación de tratados comerciales? ¿Cree que la Convención, hasta la fecha, ha demostrado su eficacia para influir en las negociaciones comerciales? 

Respuesta: La aplicación de la Convención depende, en última instancia, de los Estados considerados individualmente, aunque los órganos de la Convención tienen también un papel que desempeñar en esta aplicación. Para apoyar este trámite, la Convención reafirma el derecho de los Estados a conservar, adoptar y aplicar las políticas y medidas que consideren oportunas para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales en su territorio. Los Estados permanecen libres de actuar como les parezca. No obstante, uno puede esperar que protejan sus medidas culturales existentes y no renuncien a su derecho de adoptar otras cuando negocien nuevos tratados comerciales bilaterales y regionales. Pero ¿actúan de verdad así?

Creo que, efectivamente, la Convención ha influido en el comportamiento de los Estados cuando negocian nuevos tratados comerciales, pero todavía no se puede hablar de una influencia decisiva. Aún quedan demasiadas fluctuaciones en la interpretación que hacen las Partes de sus compromisos. Un estudio reciente para saber si se tiene en cuenta la Convención en los tratados comerciales bilaterales y regionales que han entrado vigor desde la adopción de la Convención dejan constancia de referencias explícitas a la misma, de cláusulas de exención cultural o también de las cláusulas que permiten a las Partes no contraer ningún compromiso en materia de servicios culturales4. Pero la protección que se ofrece en un gran número de estos tratados dista mucho de ser estanca y algunos de ellos no atribuyen ningún estatus particular en materia de bienes y servicios culturales.

Sin embargo, para mí el reto más importante que se perfila en el horizonte es el del trato que se otorgará a los productos culturales en las disposiciones sobre el comercio electrónico que aparece cada vez más en los tratados comerciales bilaterales y regionales. Algunos de estos tratados incluyen ya disposiciones que prevén la aplicación del trato nacional y del trato de la nación más favorecida a los productos enviados por vía electrónica. El peligro evidente consiste en que la mayor parte de los bienes y servicios culturales son susceptibles de convertirse en formato electrónico, pueden por ello mismo ser intercambiados por vía electrónica y verse sometidos a estas exigencias. Por lo tanto, los Estados Partes en la Convención habrán de ser particularmente vigilantes en este sector si desean seguir preservando su capacidad de adoptar medidas que favorezcan positivamente sus industrias culturales.

Pregunta: Incumbe a los Estados Partes aplicar la Convención y lograr que evolucione. ¿Qué piensa usted de su aplicación hasta ahora? Dentro de diez años, ¿dónde la ve usted?

Respuesta: Hay varios aspectos de la Convención que merecen cierta atención. En primer lugar, en lo que se refiere a la interfaz entre el comercio y la cultura, por supuesto que algún trabajo se ha hecho, pero aún queda mucho por realizar a este nivel para tratar de que se entiendan los objetivos de la Convención en otros foros internacionales. Cuando se habla de la relación entre el comercio y la cultura, por desgracia todavía es el comercio el que tiende a prevalecer.

Otra cuestión importante es la que se refiere a la ayuda a los países en desarrollo. Esta cuestión adopta diversas formas con arreglo a las disposiciones de la Convención. En lo concerniente a las medidas preferentes del Artículo 16, aún queda mucho camino por recorrer. Hubo buenos debates sobre este tema en el seno de los órganos de la Convención y algunos tratados bilaterales y regionales prevén que las Partes se otorguen mutuamente un trato preferente. Pero esto dista aún mucho de responder a las expectativas de los países en desarrollo en materia de trato preferente.

Otra disposición de gran interés para los países en desarrollo es la que crea el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC). Ha habido hasta ahora cinco convocatorias para proyectos y numerosos proyectos se han beneficiado de la financiación del Fondo. Uno puede fácilmente darse una idea de éstos yendo al sitio de la Convención. En este sentido, se puede hablar de éxito. Pero el problema más importante es la escasa financiación del Fondo, que difícilmente podrá seguir funcionando en el futuro si no se encuentran medidas eficaces y recurrentes para financiarlo. Por consiguiente, habría que considerar como una prioridad la aplicación de dicha disposición. Hasta ahora, se han dirigido mucho a los Estados Partes para tratar de garantizar dicha financiación. Ahora sería preciso solicitar más a los individuos y a las empresas que laboran en el mundo cultural. Asimismo, habría que encontrar personas con capacidad para animar, a escala nacional, una campaña anual de petición en favor del Fondo. Pero todo ello está ligado a la visibilidad de la Convención y, por desgracia, ésta se conoce aún poco en el mundo en general pero también, curiosamente, en el mundo de la cultura y las artes. 

Otro tema que podría adquirir una importancia creciente en el futuro es el estatus del artista. Se trata de una cuestión que brinda una oportunidad para trabajar con las demás Partes en la Convención. El gobierno de Québec puede mostrar su experiencia en esta materia, ya que dispone de dos leyes interesantes: la Ley del estatus profesional de los artistas en artes visuales, oficios artísticos y literatura y de sus contratos con los difusores, así como la Ley del estatus profesional y las condiciones de contratación de los artistas escénicos, del disco y del cine.  

Un último tema de reflexión por el que tengo gran interés es el que concierne a las situaciones en las cuales las expresiones culturales se ven amenazadas de extinción, están sometidas a una grave amenaza o necesitan una salvaguarda urgente. Observo que el Artículo 8 de la Convención nunca se ha utilizado hasta la fecha y temo que esto continúe siendo el caso en el futuro. Hay que iniciar una reflexión profunda sobre esta cuestión, pues estoy convencido de que en este momento en que estamos hablando, existe un gran número de expresiones culturales que están amenazadas. ¿Por qué nunca se habla de ellas?  

Dentro de diez años

Resulta difícil imaginar lo que será la Convención dentro de diez años. No me cabe la menor duda que todavía persistirán las necesidades que provocaron su adopción, pero sigo siendo optimista, pues creo que siempre habrá personas preocupadas por los problemas abordados en la Convención, personas que quieran que las cosas cambien y encuentren los medios necesarios para promover su aplicación. Dichas personas ya están actuando en diversos medios. En el seno mismo de la UNESCO, estoy pensando en personas como Danielle Cliche y Laurence Mayer, que llevan a cabo una labor destacada en la Sección de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO. En los medios universitarios, hay gente de alto calibre que sigue alimentando la llama de la Convención, la enseña a los estudiantes, forma al relevo y contribuye, a través de sus escritos, a promover la Convención. No me perdonaría no mencionar aquí, como ejemplo de este tipo de personas, el nombre de Véronique Guèvremont, Profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Laval. Finalmente, encontramos a tales personas, y en gran número, en la administración pública y en la sociedad civil. Esta constatación me infunde confianza en el futuro. Si hemos sido capaces de llegar donde nos encontramos hoy en día, deberíamos de ser capaces de garantizar la supervivencia y el desarrollo adecuado de la Convención. 


1 Une série d’études de M. Bernier qui abordent diverses facettes de la question de la diversité culturelle peut être consultée sur le site du ministère de la Culture et des Communications à : www.diversite-culturelle.qc.ca.

2 Fundada en octubre de 2008 por el Sr. Ivan Bernier y la Sra. Véronique Guèvremont (Profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Laval), la RIJDEC reúne a unos cincuenta miembros provenientes de 21 Estados, los cuales son juristas, prácticos o universitarios involucrados y/o interesados en la aplicación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO.

3 El asunto de las publicaciones periódicas es una causa que fue juzgada por el órgano de apelación de la Organización Mundial del Comercio, titulada: Canadá – Algunas medidas relativas a las publicaciones periódicas, WT/DS31/AB/R.

4 A este respecto, ver el documento de trabajo CE/14/8.IGC/11, 8ª sesión ordinaria del Comité Intergubernamental en diciembre de 2014, Anexo III, pp.22-25, en.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/8IGC_11_impact_articles_16_et_21_fr.pdf.

Arriba de la página