Diversidad cultural

Entrevista con la Sra. Véronique Guèvremont

Reseña biográfica

Véronique Guèvremont es Catedrática de la Facultad de Derecho y del Instituto Quebequense de Estudios Internacionales Superiores de la Universidad Laval. Titulada por la Universidad París 1 Panthéon-Sorbonne, enseña desde 2006 Derecho de la Organización Mundial del Comercio y Derecho Internacional de la Cultura. Entre 2003 y 2005, actuó en calidad de experta asociada a la División de Políticas Culturales de la UNESCO con motivo de la negociación de la Convención de 2005 sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. En 2008, fue cofundadora de la Red Internacional de Juristas para la Diversidad de las Expresiones Culturales (RIJDEC) y, desde entonces, ha dirigido varios estudios realizados por miembros de dicha red. Durante los últimos años, ha colaborado con la UNESCO, la Organización Internacional de la Francofonía, el Ministerio de Relaciones Internacionales y la Francofonía de Québec y el Ministerio de Cultura y Comunicaciones de Québec. Sus investigaciones y publicaciones más recientes versan sobre el trato de los bienes y servicios culturales en los tratados de comercio, la dimensión cultural del desarrollo sostenible y la preservación de la diversidad de las expresiones culturales en la era digital. Véronique Guèvremont forma parte del Banco de Expertos de la UNESCO sobre la Convención de 2005 y es titular de la nueva Cátedra UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales.

Pregunta – El pasado día 17 de noviembre tuvo lugar el lanzamiento de la primera Cátedra UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales, cuya titular es usted.

a. ¿Puede describirnos su trayectoria profesional y decirnos lo que esto representa para Ud. ser titular de dicha cátedra?

Respuesta - Mi trayectoria profesional está íntimamente vinculada a la historia de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (Convención de 2005). En 1999, en plena redacción de mi memoria de maestría, salí de Québec para realizar dos pasantías en Bruselas: la primera ante la Comisión Europea y la segunda en el seno de la Misión de Canadá ante la Unión Europea. Apoyándome en un sólido conocimiento del derecho y la política de Europa, fui contratada luego por la Delegación General de Québec en Bruselas para actuar como agregada política ante las instituciones europeas. Varios expedientes me fueron entonces confiados, entre ellos la promoción de un proyecto de instrumento jurídico internacional encaminado a preservar la diversidad cultural. Recorrí Europa, pues, a la búsqueda de nuevos apoyos para que se iniciara una negociación internacional destinada a reafirmar el derecho de los Estados a dotarse de las políticas culturales de su elección. Sin embargo, aquella experiencia, que fue de lo más enriquecedor, no me desvió de mi principal objetivo de carrera: obtener un doctorado en Derecho Internacional y unirme al grupo docente de alguna universidad quebequense para dedicar mi vida a la enseñanza y la investigación. Por lo tanto, decidí iniciar la redacción de una tesis doctoral en la Universidad París 1. Paralelamente, fui contratada por la UNESCO a fin de actuar en calidad de experta asociada en la división de políticas culturales durante la negociación de la Convención de 2005, una función que desempeñé durante dos años. Cuando la Facultad de Derecho de la Universidad Laval me contrató como profesora, en 2006, saqué provecho de mi experiencia en el seno de la UNESCO para crear dos nuevas asignaturas en Derecho de la Cultura. Paralelamente, llevaba a cabo investigaciones, dirigía a estudiantes y organizaba actividades científicas sobre diversos aspectos de la implantación de la Convención de 2005, una labor que prosigo aún hoy día. Esta trayectoria está también marcada profundamente por relaciones profesionales y de amistad que se fueron tejiendo con el tiempo, en particular con el Profesor Emérito Ivan Bernier, de la Universidad Laval, padre espiritual de la Convención de 2005, y la Profesora Hélène Ruiz Fabri, que fue mi directora de tesis, pero también asesora de Francia, de la Unión Europea y de la Francofonía con motivo de la negociación de la Convención de 2005. Por lo tanto, la obtención de una Cátedra UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales es el fruto de unos quince años de trabajo, enriquecidos por varios hermosos encuentros.

b. ¿Cuáles son los principales objetivos de la cátedra?

Respuesta - Los objetivos de la Cátedra UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales están íntimamente vinculados a las finalidades de la Convención de 2005. En mi calidad de titular de dicha Cátedra, mi ambición es generar una reflexión de alto nivel sobre diversos aspectos de la implantación de este instrumento jurídico crucial para el desarrollo sostenible de las sociedades, teniendo en cuenta sus objetivos y principios, así como las necesidades, los intereses y las preocupaciones de las Partes y de la sociedad civil. Para lograr dichos objetivos, la Cátedra trabajará para asentar una estructura de cooperación entre los medios universitarios y los representantes de la sociedad civil, a fin de incitar a compartir conocimientos y experiencias y reforzar las capacidades de estos actores. Asimismo, hará la promoción de la enseñanza y la investigación sobre la implantación de la Convención de 2005, de manera que se forme una nueva generación de prácticos e investigadores especializados en este sector, en particular en los países en desarrollo. En cuanto a su contenido, los trabajos de la Cátedra cubrirán cuatro ejes de investigación, a saber, la elaboración e implantación de las políticas culturales en el territorio de los Estados; la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales en los foros internacionales distintos de la UNESCO, en particular en los de negociaciones comerciales; la cooperación para el desarrollo y el fortalecimiento de las capacidades de los países en desarrollo; y la integración de la cultura en las políticas de desarrollo sostenible de los Estados. Para cada uno de estos ejes, la Cátedra prestará una particular atención al impacto de las tecnologías digitales sobre la diversidad de las expresiones culturales.

Pregunta - ¿Cómo percibe Ud. la actual implicación de la sociedad en lo que se refiere a la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, si se compara con lo que era en el momento de su adopción, en 2005?

Respuesta - La Convención de 2005 fue negociada gracias, entre otras cosas, a una fuerte movilización de la sociedad civil, determinada a lograr que se crease un instrumento jurídico internacional vinculante, con el fin de que se reconociera la doble naturaleza de los bienes y servicios culturales y se reafirmara el derecho de los Estados a apoyar a los artistas, creadores y demás profesionales de la cultura. Por lo tanto, la sociedad civil “militante” ha alcanzado su objetivo. No cabe la menor dura que debe seguir militando para que se tengan en cuenta sus intereses y se haga caso de sus preocupaciones en todos los niveles de gobernanza, ya sea local, regional, nacional e internacional. En particular, debe permanecer sumamente proactiva en todas las negociaciones comerciales que pudieran llevar a poner en tela de juicio el derecho de los Estados a adoptar políticas culturales. Por otro lado, las Partes en la Convención de 2005 reconocen que a la sociedad civil le incumbe un papel complementario, indisociable de su papel de militante: el de copartícipe en la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales. La implantación del Artículo 11 de la Convención de 2005, que trata sobre esta cuestión, llevó a las Partes y a la Secretaría a acrecentar el papel de la sociedad civil en los trabajos de sus órganos directores. A partir de diciembre de 2017, por ejemplo, la sociedad civil podrá presentar su propio informe de actividades ante el Comité Intergubernamental. Tales avances son significativos y la sociedad civil debe aprovechar esta tribuna para transmitir todas las informaciones pertinentes que provengan de sus miembros a los órganos directores de la Convención de 2005, y viceversa. Los retos que plantea la implantación de la Convención de 2005 en el entorno digital demuestran toda la pertinencia de tal dinámica. Las Partes se enfrentan a un imperativo de renovación de sus políticas; están a la búsqueda de informaciones sobre las nuevas prácticas que se van desarrollando, pero también sobre las dificultades con las que se encuentran los actores culturales que utilizan las tecnologías digitales para crear, producir, difundir, distribuir y dar acceso a una gran diversidad de expresiones culturales. La sociedad civil, incluyendo a los investigadores que estudian y documentan la implantación de la Convención de 2005, han de realizar esfuerzos en este sentido. La Cátedra UNESCO sobre la Diversidad Cultural pretende aportar una contribución de esta índole, aunando sus fuerzas con los demás representantes de la sociedad civil quebequense, canadiense e internacional, a fin de apoyar a los Estados en sus acciones de implantación de la Convención de 2005.

Pregunta – Ud participó en la redacción del anteproyecto de directrices operativas sobre la implantación de la Convención de 2005 sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales en la Era de lo Digital. Dicho anteproyecto fue sometido, y luego adoptado por el Comité Intergubernamental en diciembre de 2016. En su opinión, ¿en qué aspectos las directrices operativas pueden ayudar a las Partes a adoptar e implantar sus políticas y medidas culturales en la era de lo digital?

Respuesta - Por una parte, desde que se adoptó y entró en vigor la Convención de 2005, y de conformidad con esta, las Partes se volvieron hacia las directrices operativas para precisar el contenido de sus derechos y obligaciones. Las directrices operativas son, en efecto, el único instrumento jurídico mencionado en la Convención de 2005 para dirigir la acción de las Partes. Por otra parte, pese a que la Convención de 2005 se aplica al entorno digital, no consta de disposiciones que guíen a las Partes para que tengan en cuenta las especificidades de dicho entorno en la aplicación de sus acuerdos. No obstante, aumenta la utilización de las tecnologías digitales por parte de los artistas, creadores y demás profesionales de la cultura, y el alcance de los objetivos de la Convención de 2005 requiere que las políticas de apoyo a la cultura estén totalmente adaptadas a estos cambios. Las directrices operativas, que están destinadas precisamente a ayudar a las Partes a dirigirse hacia esta vía, llegarán indudablemente a ser un elemento de referencia en las decisiones que puedan tomar las Partes con miras a modernizar sus políticas vigentes o a adoptar nuevas medidas de protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales en el entorno digital. En este sentido, las directrices operativas complementarán la Convención de 2005, contribuyendo a su actualización. Asimismo, propiciarán una nueva dinámica de reparto de las mejores prácticas y de intercambios de informaciones relativas a la implantación de la Convención de 2005 en la era de lo digital. También podrán desembocar en la emergencia de nuevas formas de cooperación a favor de los países en desarrollo. Por último, sensibilizarán a las Partes ante los posibles impactos de acuerdos comerciales que abarquen el área del comercio electrónico sobre su capacidad para intervenir a favor de la diversidad de las expresiones culturales en el entorno digital. Por lo tanto, dichas directrices operativas reforzarán, globalmente, la pertinencia de la Convención de 2005, un instrumento jurídico cultural destinado a evolucionar en un sector en constante mutación.