Diversidad cultural

Entrevista cruzada con el Señor Francisco d’Almeida y la Señora Valeria Marcolin

Reseñas biográficas

Señor A. J. Francisco d'Almeida

Titulado en Ciencias Políticas y Doctor en Sociología del Desarrollo (Universidad París 1 Panthéon Sorbona), Francisco d’Almeida es codirector de la Asociación Cultura y Desarrollo que trabaja para que se tenga en cuenta la cultura en las políticas de desarrollo de los países africanos y de cooperación internacional. Como tal, asesora a los gobiernos y colectividades locales de África francófona en materia de políticas e industrias de la cultura. En dicho marco, contribuye a la concepción de documentos de política cultural y dirige la realización de equipos.

Asimismo, actúa de consultor para organizaciones internacionales, ministerios de cultura en el África francófona, así como para colectividades locales. Así pues, dirigió en 2004, por cuenta de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), un estudio sobre los retos del proyecto de convención internacional sobre la diversidad cultural para las industrias culturales de los países del Sur y realizó diversas misiones de asistencia técnica en estos países.

Paralelamente a sus actividades de ingeniería o de asesoría, Francisco d’Almeida imparte una formación sobre las industrias culturales en África en la Universidad Senghor para el Desarrollo, en Alejandría (Egipto).

Por último, su experiencia profesional y su pericia abarcan también las estrategias transversales de desarrollo local a partir de las ventajas culturales de los territorios locales.

Señora Valeria Marcolin

Con un título en Gestión y Administración de Organizaciones Culturales por la Universidad París IX Dauphine y un diploma de Executive Master en gestión de políticas públicas en la Facultad de Ciencias Políticas de París, Valeria Marcolin inició su trayectoria profesional en el sector del teatro, junto con el escenógrafo italiano Maurizio Scaparro como responsable de relaciones institucionales y proyectos internacionales. Entre 2005 y 2009, fue responsable de comunicación y relaciones públicas de la red europea “Unión de Teatros de Europa”, y luego de la secretaría general de la asociación. Tras un periodo de asesoría ante diferentes organizaciones francesas y europeas para el desarrollo de sus estrategias de internacionalización y acciones de cooperación, entró a formar parte, en 2012, del equipo de la ONG Cultura y Desarrollo, que codirige, desde 2014, con Francisco d'Almeida.

Desde 2009, Valeria Marcolin es miembro de la “European House of Cultura” (Bruselas) y del grupo estratégico procedente de la iniciativa de la sociedad civil “A soul for Europe” (Un alma para Europa). Fue miembro del grupo de expertos para la organización de la 3ª Reunión de Ministros de Cultura ACP (2012) y de la conferencia para la Presidencia de Luxemburgo de la UE titulada “Cultura y Desarrollo: hacia un enfoque más estratégico de las políticas culturales en las relaciones exteriores de la UE” (2015). Fue moderadora e interviniente con motivo de diversos seminarios y debates. Es miembro del Banco de Expertos de la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales y miembro suplente del jurado para el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC). También interviene en el marco del Máster en Gestión de las Organizaciones Culturales en la Universidad de París Dauphine.

Entrevista

Ud. forma parte de los 30 expertos nombrados por la UNESCO, en 2011 para uno y en 2016 para el otro, a fin de ofrecer una asistencia técnica a los países en desarrollo que son Partes en la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (Convención de 2005).

Pregunta 1.a ¿Puede describirnos su trayectoria profesional e indicarnos cómo esto lo llevó a trabajar con la UNESCO, en particular en lo relacionado con la Convención de 2005?

Respuesta de Francisco d’Almeida – Desde mis estudios en Ciencias Políticas, trabajo sobre las políticas y las industrias de la cultura en el África francófona. Esto me llevó a dedicar mi tesis de doctorado en sociología del desarrollo al proceso de apropiación de la industria cinematográfica en África considerado bajo el doble ángulo del desarrollo y las condiciones de integración de una tecnología exógena. Luego, trabajé sobre proyectos de cooperación cultural con los países de África francófona, en primer lugar sobre los cines de África, y luego sobre la edición y las artes plásticas, y por último sobre la música y el patrimonio cultural.

En 1986, me incorporé a la asociación Cultura y Desarrollo, que reúne a ingenieros culturales, docentes, economistas, urbanistas y especialistas del patrimonio cultural y del libro. Al asociar investigación y acción, Cultura y Desarrollo dirige proyectos de cooperación cultural con los actores públicos y privados de la cultura, principalmente en el marco de cooperaciones entre colectividades locales de Francia y África francófona. La Asociación contribuye, mediante coloquios, publicaciones, o con la formación de sus agentes culturales, a la estructuración del ecosistema de la creación.

Desde los años 2000, colaboro en proyectos de la OIF, la UNESCO y la Comisión Europea sobre la estructuración de las redes culturales o la elaboración de políticas y estrategias de su promoción. En dicho marco, junto con Dominique Wallon, Bernard Miège y Marie-Lise Alleman, dirigí el estudio sobre los retos de la futura Convención de 2005 para las industrias culturales de los países del Sur y contribuí, con Raymond Weber, y luego con Valeria Marcolin, a la organización de coloquios internacionales dedicados a las industrias culturales en los países del Sur. Por último, dicha experiencia me permitió entrar, en 2011, en el Banco de Expertos para la Convención de 2005.

Respuesta de Valeria Marcolin – Hice estudios de Derecho, en particular europeo e internacional, antes de tomar la decisión de orientar mi formación hacia la gestión cultural en Francia. Tengo un título en Gestión y Administración de Organizaciones Culturales por la Universidad de Paris IX Dauphine, con una memoria sobre el tema de la Convención, y tengo un diploma de Executive Master en dirección de políticas públicas de la Facultad de Ciencias Políticas de París; inicié mi trayectoria profesional en el sector del espectáculo vivo en 1998, entre Italia y Francia, como responsable de las relaciones institucionales y los proyectos internacionales.

De 2005 a 2009, fui en primer lugar responsable de comunicación y relaciones públicas de la red europea “Unión de Teatros de Europa”, y luego responsable de la Secretaría General de la asociación. No tardé en darme cuenta de las problemáticas de gobernanza del sector cultural, fragmentado, frágil, particularmente en lo que se refiere al estatus del mayor número de artistas fuera de los circuitos institucionales en los cuales yo intervenía. Por lo tanto, deseaba dedicarme al estudio de las condiciones que debían implantarse para garantizar la sostenibilidad del sector, mediante políticas e instrumentos y/o acciones de la sociedad civil, responsable de su propio desarrollo en un diálogo con la administración, los públicos y el sector privado. Esto está también vinculado a mi interés por las cuestiones de participación y democracia local desarrolladas, entre otras cosas, en torno a los retos de los presupuestos participativos.

Tras un periodo de asesoría ante diversas organizaciones francesas y europeas para el desarrollo de sus estrategias de internacionalización y de acciones de cooperación, entré a formar parte, en 2012, del equipo de la ONG Cultura y Desarrollo, que dirijo desde 2014, junto con Francisco d'Almeida. De consuno, intervienimos en calidad de expertos en el montaje de proyectos de ingeniería cultural, regeneración urbana a través de infraestructuras socioculturales, desarrollo de herramientas de pilotaje para el desarrollo cultural local, de seminarios y formaciones para los ediles y operadores de los países en desarrollo. Asimismo, dirijo un programa dedicado especialmente a una vigilancia sobre la cooperación cultural y su promoción: Territorios Asociados, el desarrollo mediante la cultura.

Pregunta 1.b ¿Puede hablarnos de las misiones de asistencia técnica a las cuales ha contribuido en calidad de experto asociado a la Convención de 2005 (beneficiarios, objetivos, resultados, etc.)?

Respuesta de Francisco d’Almeida – Ya que las misiones se llevan a cabo en un marco de tándem, me tocó colaborar con Bernard Boucher en República Democrática del Congo (RDC), Jordi Balta en Níger y Valeria Marcolin en Burkina Faso.

Valeria Marcolin y yo preferimos el término copartícipes al de beneficiarios, dado que las intervenciones se hacen en el marco de un equipo mixto, al que están asociados expertos del Banco UNESCO puestos a la disposición, como Bernard Boucher, Jordi Balta o Valeria Marcolin, y expertos nacionales. Asimismo, se hacen en todo momento intercambios con la Secretaría de la Convención de 2005. Nuestro papel consiste en compartir con los expertos nacionales nuestro capital de experiencias e informaciones y en formular observaciones y sugerencias. Ahora bien, la realización esperada pertenece totalmente a la parte nacional que solicite asistencia. Este principio es determinante para la apropiación y sostenibilidad de las acciones contempladas.

El objeto de las misiones ha variado en función de la demanda de los países, que emana de una diversidad de actores, de un ministerio encargado de la cultura o de una institución especializada, o también de colectividades territoriales. En RDC, el objetivo era contribuir a la elaboración de la política cultural; en Níger, la demanda se refería a la estrategia de apoyo al empresariado cultural y a la economía de la cultura, mientras que en Burkina Faso, se trataba de acompañar al equipo nacional en la redacción de su segundo informe de aplicación de la Convención de 2005.

En los tres países, se alcanzaron los resultados. No obstante, el reto que queda es el de articular la asistencia técnica con los programas de cooperación en el seno del país involucrado, a fin de que las preconizaciones se integren y se apliquen. Asimismo, se trata de crear las condiciones institucionales y financieras, con el fin de que los expertos nacionales dispongan de los medios para aplicar las preconizaciones que hayan contribuido a elaborar.

Respuesta de Valeria Marcolin – Francisco d'Almeida ya ha planteado cierto número de precisiones sobre el objeto de las misiones de asistencia técnica. Las misiones en las cuales he podido participar se refieren al apoyo a la redacción de los informes periódicos de 2 entre los 12 países beneficiarios del programa de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional al Desarrollo, esto es, Senegal y Burkina Faso.

En ambos casos, se trataba ante todo de una aventura humana: una de ellas, en Burkina Faso, en binomio con Francisco d'Almeida está aún en curso; la de Senegal, con Luc Maytukou en calidad de otro experto, se llevó a cabo en 2016. El programa ayuda concretamente a desarrollar una comunidad de espíritu y buenas voluntades en torno a la aplicación de la Convención de 2005 por parte de sus diferentes partes involucradas y a facilitar el diálogo y la cooperación entre ellas. Yo afirmaría incluso que la metodología de trabajo desarrollada y propuesta a los beneficiarios es innovadora, se inspira en buenas prácticas de diversos países que son Partes en la Convención de 2005 y merecería que la aplicasen otras Partes, incluyendo los países desarrollados.

Procuramos aportar enfoques sobre un texto muy denso y rico de impulsiones, de ejes de intervención como el de la Convención de 2005, a fin de facilitar la redacción de los informes periódicos. Los expertos aprenden de ello mucho sobre los objetivos de su aplicación por las Partes, las preocupaciones, los retos, pero también sobre los progresos alcanzados por los copartícipes de los países ‘llamados’ en vía de desarrollo, a los que ignoramos con frecuencia.

Las formaciones para la redacción de los informes periódicos ayudan a concienciarnos colectivamente de que aplicamos las disposiciones de la Convención de 2005 con más frecuencia de que lo creemos, sin ser conscientes de ello. La labor de ‘concienciación’ y reflexión facilitada por el informe periódico permite poner ‘en sistema’ dichas acciones, aportándoles un enfoque programático más fuerte, mediante la reflexión en torno a retos de las redes, de la diversidad de los públicos y los beneficiarios (Artículos 6 y 7), o también un enfoque integrado de las políticas públicas para la cultura, y particularmente los vínculos entre cultura y desarrollo sostenible. La metodología propicia también el diálogo entre las diferentes partes involucradas en la aplicación de la Convención, sobre todo por los momentos de consulta pública o de restitución con miras a la redacción del informe y de definición colectiva de los retos que se hayan de afrontar.

Pregunta 2 - En su opinión, ¿cuáles son los beneficios que los países en desarrollo pueden sacar al ser Partes en la Convención de 2005?

Respuesta de Francisco d’Almeida y de Valeria Marcolin – Por lo general, ser Partes en la Convención de 2005 permite a los países en desarrollo integrarse en una comunidad de acción y reflexión, participar de la dinámica mundial ligada a la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, no mantenerse al margen del mundo en movimiento y reflexionar sobre ejes de cooperación Sur-Sur en el marco de problemáticas similares. Para ser más concreto, esto les permite beneficiarse compartiendo experiencias e informaciones, incluso de cooperación, a fin de mejorar las condiciones de evolución de sus industrias de la cultura, gracias al acceso a ejemplos de aplicación de políticas y medidas innovadoras para la diversidad de las expresiones culturales en diversos contextos.

En el ámbito de otros foros, ser Partes en la Convención permite también sustraer los productos y servicios culturales de la agenda de los tratados comerciales, a fin de proteger y promover la producción local (siempre con una mirada de apertura), o también disfrutar de un trato preferente, confrontarse de otra manera con las sociedades civiles locales. Gracias a dicha convención, los creadores y profesionales de la cultura obtienen de su gobierno, ya sea un estatus, la implantación o el refuerzo del marco legislativo que legitime o permita que sus iniciativas evolucionen en un contexto favorable. Por supuesto que los beneficios podrán variar con arreglo a los actores.

Sin embargo, para países en desarrollo, faltos de medios financieros, sus expectativas podrán ser difícilmente satisfechas con la modicidad de los recursos financieros del Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC) que, así lo esperamos, será reforzada para asentar la legitimidad del instrumento y su efecto de recurso de promoción de los principios y valores de la Convención de 2005. No lo pueden hacer otros financiaciones provenientes de la cooperación internacional, incluso si algunas Partes de países en desarrollo hacen esfuerzos para fomentar la cooperación entre proveedores de fondos con mesas de concertación destinadas a responder equitativamente a la diversidad y pluralidades de necesidades in situ. La sostenibilidad de ejes de intervención o de medios de fondos está, por definición, destinada a ser variable. En nuestra opinión, sería arriesgado asociar el desarrollo cultural de un país con recursos externos sin por ello privarse de la posibilidad de utilizarlos como incentivos adicionales para avanzar con mayor rapidez mediante la cooperación. Este reto es muy interesante de aceptar mediante un apoyo técnico para que sus resultados sean útiles a largo plazo.

Pregunta 3 - En su opinión, ¿cuáles son los retos en materia de cooperación internacional para las Partes en la Convención de 2005? ¿Y de qué manera podrían solucionarse dichos retos?

Respuesta de Francisco d’Almeida – Por mi parte, los retos que se habrán de aceptar en materia de cooperación se refieren a la disponibilidad de los recursos humanos especializados y, sobre todo, la financiación del acompañamiento del sector cultural y creativo. Al observar que un buen número de preconizaciones o recomendaciones se quedan en las carpetas por falta de recursos financieros, queda claro que el reto más importante es el de reforzar, gracias a la cooperación internacional, la pericia de los países en desarrollo en materia de fiscalidad, parafiscalidad y mecenazgo, a fin dotarse de recursos financieros a partir de una dinamización de su economía de la cultura. Se puede aceptar este reto de forma prioritaria mediante becas de formación en financiación de la cultura, y secundaria, quizás incluso en el marco de una ayuda presupuestaria.

Respuesta de Valeria Marcolin – Francisco d'Almeida acaba de resumir algunos retos de la cooperación para el desarrollo. Por lo tanto, yo me concentraré más en el término ‘cooperación’ ligado al de ‘coparticipación’, mencionado anteriormente. Me dedicaré más a la cooperación para el desarrollo que en el convencimiento, o el deseo de que se transforme mañana en ‘cooperación internacional’ a secas; que de transferencias tecnológica se pase a los intercambios tecnológicos. Por otra parte, ya es el caso, particularmente en torno a intercambios artísticos. No obstante, las asimetrías en los recursos de los cuales disponen los creadores de los países desarrollados pueden, en todo momento, transformarse en digresión, de la cual es importante mantenerse conscientes, siempre con la idea de cooperación equitativa.

Por otro lado, la actualidad internacional en algunas regiones del mundo, las tensiones y desigualdades que van creciendo de nuevo pese a las innovaciones realizadas en otras partes, sitúan otra vez en el centro de las políticas públicas la cuestión del otro, de la libertad de expresión ya mencionada, del diálogo intercultural y, por ende, del intercambio. Si bien la Convención de 2005 ha de ayudarnos ante todo a pensar mejor el ámbito en el cual la creatividad se desarrolla y donde evolucionan los artistas para captar todo el potencial del sector, sus disposiciones nos invitan también a pensar en la participación cultural, en su sentido amplio, ante varios públicos, particularmente frágiles (Art. 7).

Tal vez esto sea un reto que se haya de aceptar: abrir la cooperación, estos intercambios culturales a los ‘no artistas’, a los ciudadanos; lograr que se encuentren las creatividades y crear nuevas solidaridades. Parece que algunas indicaciones de la nueva comunicación de la Unión Europea para una estrategia de la UE en materia de relaciones culturales internacionales van por esta senda. Otro reto es el de lo digital, que es otra forma de viaje, de ‘movilidad’: representa tantas oportunidades como peligros que se hayan de dominar (estigmatizaciones, trivialización de las fuentes y las ideas, etc.). Este es un sector en el cual la cooperación entre las Partes, ya iniciada en el seno de los órganos de la Convención, seguirá siendo esencial en los próximos años.